
Un día, Sueño se dio cuenta de que él no crecía como crecían sus amigos. Empezó entonces a sentirse muy débil y, poco a poco, perdió sus ganas de jugar.
De pronto, llegó un mensajero que llevaba consigo un maletín muy especial, el cual contenía alimentos para fortalecer y hacer crecer a Sueño. Desde el mismo instante en que aquel mensajero llegó, Sueño empezó a sentirse mejor y mejor, ya que cada día aquel misterioso mensajero lo alimentaba con manjares. Muchos caldos de constancia con fuerza, platos muy nutritivos de voluntad y trabajo, postres hechos a base de paciencia, fantásticos zumos hechos con decisión y, lo más importante, mucha, mucha esperanza.
Sueño creció y creció, y llegó a dejar de ser Sueño para convertirse en Meta. Y claro que siguió jugando, pero ya no por las nubes, sino aquí en la tierra, conociendo cada vez más mundos, como el de la felicidad y el de la satisfacción. Y un buen día Meta dejó de ser Meta y se transformó en Realidad.
(Anónimo)
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