Un mundo de ILUSIONES

Este lugar es habitado por las niñas y los niños perdidos liderados por el héroe o quizás heroína, Peter Pan. La población de dicho país agrupa también a temibles piratas como el Capitán Garfio y salvajes indios. Otros tipos de seres como el hada, Campanilla y el Cocodrilo que se llevó la mano del Capitán Garfio habitan este lugar donde el tiempo no avanza y las aventuras predominan por cualquier rincón. De acuerdo con la leyenda, si alguien desea llegar a este lugar deberá de girar la segunda estrella a la derecha, volando hasta el amanecer.

jueves, 31 de diciembre de 2009

¡FELIZ AÑO!!!

Para tod@s vosotr@s los MEJORES DESEOS de Neverland y GRACIAS por estar ahí.

Traición a uno mismo

La peor traición.
Los pobres y los mendigos son los que más padecen en época de escasez. Tres alumnos se presentaron ante el maestro exigiéndole una solución. La comunidad vivía de las limosnas, y estas últimamente no alcanzaban ni para la austera dieta que los monjes se imponían.
En tal confrontación, el maestro entonces les propuso que se quitasen la túnica y ocultaran su rostro en la oscuridad de la noche. Armados con palos, amenazarían a un rico mercader que les daría el dinero suficiente para subsistir un buen tiempo. Nunca nadie sospecharía de ellos y para el mercader no supondría apenas merma en sus finanzas. El asunto pronto estaría olvidado.
El primer discípulo aceptó. Sopesó que era una acción de poco riesgo. Irrecriminable en tan extremas circunstancias. Su justo fin, la hacía necesaria.
El segundo discípulo jamás había desobedecido al maestro. Estaba acostumbrado a que sus extraños métodos obtuviesen siempre un acertado resultado. Aunque esta vez sus dudas eran mayores, no tenía ninguna intención de ofenderlo y perder su protección.
El tercer discípulo, a pesar de tales argumentos, se negó rotundamente:
- Jamás participaré en semejante acción. Soy demasiado cobarde.
- Ocultareis vuestro rostro, nunca nadie lo sabrá –replicó el maestro. El discípulo seguro de sí, negó con la cabeza y afirmó:
- Lo sabría yo.
El maestro, tras una contundente carcajada, retomó su habitual carácter benigno y les dijo:
- Aprended de él. No existe traición más insana que la que se comete contra uno mismo, ni temor más saludable que el de temer el justo juicio. No temáis al hambre y a la muerte: temed a Aquel que tiene poder para desechar vuestra alma al abismo.
(Anónimo)

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Ni superiores ni inferiores…

Sorpresa increible"
Ha comenzado la primavera. Las flores se han abierto, los pájaros cantan. La vista percibe los colores, el olfato se inunda de aromas. La naturaleza ha despertado con la estación.
Vesdi sale a los jardines a disfrutar de los colores y los olores. Percibe la alfombra de hierba con sus alegres colores. Su corazón se acelera mientras sus sentidos se despiertan y vuela su imaginación. Entre las flores ve una oruga comiendo, y siente deseos de aplastarla porque le repugna.
Oye una voz que susurrando le dice:
“No me mates, no me mates; porque yo soy como tu. Me gusta la luz, me gusta la vida”.
El se sorprende pero le dice:
“Este no es tu lugar. Vete a la basura y busca allí tu comida”.
La oruga no se ofende y con gran entereza y tranquilidad le propone:
“Te invito a venir mañana a este mismo lugar para ver como nuestro creador nos hizo a todos iguales y así pierdes tu soberbia”.
Vesdi vuelve a su casa, se acuerda de la oruga y se siente preocupado e intrigado por saber con qué le va a sorprender la oruga al día siguiente.
A la mañana siguiente, corre presuroso al mismo lugar y se pone a buscar la oruga durante largo tiempo pero no la encuentra. Se prepara para regresar a casa cuando oye una voz muy fina que le pide:
“Espera, Vesdi, estoy aquí. Espera, Vesdi, estoy aquí”.
Se gira, mira alrededor, a la derecha, a la izquierda, entre sus pies... pero no ve nada. Se queda muy quieto y se pone a escuchar con todos los sentidos para saber de dónde le llega la voz que sigue repitiendo “Estoy aquí, estoy aquí...” pero no consigue ver nada .
De repente, descubre una mariposa de bellos colores que se para, vuelve a volar, otra vez se para, vuela... intentando atraer su atención para jugar.
El niño salta e intenta cogerla y la persigue; pero, ella, más ligera, se escabulle. Según se acerca el niño, ella vuela más lejos, reposa y vuelve a volar a su hombro.Vesdi empieza a sentirse muy a gusto y quiere jugar con ella. Corre, se para, salta...hasta que se cansan y se sientan bajo un limonero para descansar. Vuelve a jugar con su querida amiga...
Así, hasta que la mariposa se posa en el hombro derecho de Vesdi y le dice con su fina voz:
”Nací como un huevo, luego me hice una oruga y ahora me he convertido en esta mariposa de bellos colores que tú tanto admiras; porque Alá me ha hecho así. Por eso, Vesdi, no tienes que creerte superior al resto de las criaturas por muy pequeñas o feas que sean porque todos tenemos un sentido en esta vida”.
(Anónimo).- Cuento Árabe

martes, 29 de diciembre de 2009

Cuando se destruye la confianza

Trampa para conejos
En las heladas regiones de la América del Norte un indio hacía un caminito por entre la nieve, y además hacía otra cosa con unas ramas de abeto.
—¿Qué estás haciendo? —le preguntó un amigo que acertó a pasar por ese lugar.
—Una trampa para conejos —respondió el indio.
—Pero, ¿dónde está la trampa?
—¡Ah! —respondió el indio sonriente. —La trampa no la pondré sino hasta dentro de dos semanas.
Primero arreglo el caminito de modo que los conejos se acostumbren a él. Por ejemplo, hoy por la noche vendrán y tendrán temor de pasar por el caminito; pero mañana se acercarán más, y poco tiempo después uno de ellos lo cruzará, después caminará por él. Pocas noches después se familiarizarán con el camino y lo usarán frecuentemente sin ningún temor. Entonces pondré la trampa en medio, entre las ramas … después comeré conejo todos los días.
—Ya veo —contestó el amigo pasajero—, estas usando la misma táctica que Satanás usa con los cristianos: Primero los atrae a algo que da la impresión de que “no es malo ni bueno”, y cuando adquieren confianza él los atrapa y destruye.

Tomado de Lern, A. 500 ilustraciones

lunes, 28 de diciembre de 2009

Generosidad

Un monje andariego se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa, y la guardó en su bolsa.
Un día se encontró con un viajero y, al abrir su bolso para compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió. El monje se la dio sin más. El viajero le dio las gracias y marchó lleno de gozo con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para darle riqueza y seguridad todo el resto de sus días.
Sin embargo, pocos días después volvió en busca del monje mendicante, lo encontró, le devolvió la joya y le suplicó:
"Ahora te ruego que me des algo de mucho más valor que esta joya. Dame, por favor, lo que te permitió dármela a mí".
(Anónimo)

domingo, 27 de diciembre de 2009

Carruaje y cochero

"Un día de octubre, una voz familiar en el teléfono me dice:
—Sal a la calle que hay un regalo para tí.
Entusiasmado, salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un precioso carruaje estacionado justo frente a la puerta de mi casa. Es de madera de nogal lustrada, tiene herrajes de bronce y lámparas de cerámica blanca, todo muy fino, muy elegante, muy “chic”. Abro la portezuela de la cabina y subo. Un gran asiento semicircular forrado en pana y unos visillos de encaje blanco le dan un toque de realeza al interior. Me siento y me doy cuenta que todo está diseñado exclusivamente para mí, está calculado el largo de las piernas, el ancho del asiento, la altura del techo... todo es muy cómodo, y no hay lugar para nadie más.
Entonces miro por la ventana y veo “el paisaje”: de un lado el frente de mi casa, del otro el frente de la casa de mi vecino... y digo: “¡Qué bárbaro este regalo! Qué bien, qué lindo...” Y me quedo un rato disfrutando de esa sensación.
Al rato empiezo a aburrirme; lo que se ve por la ventana es siempre lo mismo.
Me pregunto: “¿Cuánto tiempo uno puede ver las mismas cosas?” Y empiezo a convencerme de que el regalo que me hicieron no sirve para nada.
De eso me ando quejando en voz alta cuando pasa mi vecino que me dice, como adivinándome:
—¿No te das cuenta que a este carruaje le falta algo?
Yo pongo cara de qué-le-falta mientras miro las alfombras y los tapizados.
—Le faltan los caballos —me dice antes que llegue a preguntarle.
Por eso veo siempre lo mismo —pienso—, por eso me parece aburrido...
—Cierto —digo yo.
Entonces voy hasta el corral de la estación y le ato dos caballos al carruaje. Me subo otra vez y desde adentro grito:
—¡¡Eaaaaa!!
El paisaje se vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente y eso me sorprende. Sin embargo, al poco tiempo empiezo a sentir cierta vibración en el carruaje y a ver el comienzo de una rajadura en uno de los laterales.
Son los caballos que me conducen por caminos terribles; agarran todos los pozos, se suben a las veredas, me llevan por caminos peligrosos.
Me doy cuenta que yo no tengo ningún control de nada; los caballos me arrastran a donde ellos quieren. Al principio, ese derrotero era muy lindo, pero al final siento que es muy peligroso. Comienzo a asustarme y a darme cuenta que esto tampoco sirve.
En ese momento, veo a mi vecino que pasa por ahí cerca, en su auto. Le grito: —¡Vaya idea que tuviste!
Me grita: —¡Te falta el cochero!
—¡Ah! —digo yo.
Con gran dificultad y con su ayuda, freno los caballos y decido contratar a un cochero. A los pocos días asume sus funciones. Es un hombre formal y circunspecto con cara de poco humor y mucho conocimiento.
Me parece que ahora sí estoy preparado para disfrutar verdaderamente del regalo que me hicieron. Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le indico al cochero adónde quiero ir.
Él conduce, él controla la situación, él decide la velocidad adecuada y elige la mejor ruta.
Yo... Yo disfruto del viaje."
Jorge Bucay

sábado, 26 de diciembre de 2009

La verdadera riqueza


La Ancianita
La anciana campesina caminaba lentamente, cargando con dificultad un atado de leña para alimentar una hoguera en la que cocinaba. Su rancho era un pedazo de techo caído sobre una pared, formando un espacio triangular dentro de éste.
Un joven juez que en su tiempo libre paseaba por el campo, se encontró con ella y conmovido por la edad y las condiciones en las que vivía la humilde mujer, decidió buscar la manera de ayudarla. La señora hablaba en forma alegre y determinada, le contó al juez que comía de lo que crecía en la granja, que tenía algunas gallinas y una vaca que le producían lo indispensable. No había tonos de queja ni de carencia en la conversación de la anciana, todo lo contrario, sus palabras estaban plenas de gratitud y esperanza. Después de haber conversado un buen rato, el juez le preguntó a la campesina:
-Disculpe señora, ¿hay alguna forma en la que la pueda ayudar? ¿Tal vez ropa o medicinas? Si en algo puedo colaborarle solo dígame y con gusto haré lo que pueda.
La anciana guardó silencio por un momento, y finalmente respondió:
-Muchas gracias, en realidad no necesito nada para mí, pero sí para el viejito.
-¿El viejito?-, preguntó el juez.
-Sí -continuó la señora-, está muy enfermo, está adentro en la casa, ya no se puede ni parar, tiene muchos dolores, me toca hacerle todo porque el pobre no puede ni moverse.
-¿Y qué tiene su esposo?- replicó el juez, sorprendido.
-No es mi esposo -respondió la anciana-, es un viejito que encontré desamparado y ¿cómo lo iba a dejar solito? Por eso desde hace como dos años que lo estoy cuidando.
Nadie es tan pobre que no pueda dar, nadie es tan rico que no necesite recibir.
(Anónimo)

jueves, 24 de diciembre de 2009

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Ver sin escamas en los ojos

EL CUENCO DE MADERA
Érase una vez, en el en el antiguo país de las fábulas, una familia integrada por un padre, una madre, un abuelo que era el padre del padre y el ya mencionado niño de ocho años, un muchachito. Sucedía que el abuelo ya tenía mucha edad, por eso le temblaban las manos y se le caía la comida de la boca cuando estaban a la mesa, lo que causaba gran irritación al hijo y a la nuera, siempre diciéndole que tuviera cuidado con lo que hacía, pero el pobre viejo, por más que quisiera, no conseguía contener los temblores, peor aún si le regañaban, el resultado era que siempre manchaba el mantel o el suelo al dejar caer la comida, por no hablar de la servilleta que le ataban al cuello y que era necesario cambiarla tres veces al día, en el desayuno, el almuerzo y la cena. Estaban las cosas así y sin ninguna expectativa de mejoría cuando el hijo decidió acabar con la desagradable situación. Apareció en casa con un cuenco de madera y le dijo al padre, A partir de ahora comerá aquí, sentado en el patio que es más fácil de limpiar para que su nuera no tenga que estarse preocupando con tantos manteles y tantas servilletas sucias. Y así fue.
Desayuno, almuerzo y cena, el viejo sentado solo en el patio, llevándose la comida a la boca conforme era posible, la mitad se perdía en el camino, una parte de la otra mitad se le caía por la boca abajo, no era mucho lo que se le deslizaba por lo que el vulgo llama canal de la sopa. Al nieto no parecía importarle el feo tratamiento que le estaban dando al abuelo, lo miraba, luego miraba al padre y a la madre, y seguía comiendo como si nada tuviera que ver con el asunto. Hasta que una tarde, al regresar del trabajo, el padre vio al hijo trabajando con una navaja un trozo de madera y creyó que, como era normal y corriente en esas épocas remotas, estaría construyendo un juguete con sus propias manos. Al día siguiente, sin embargo, se dio cuenta de que no se trataba de un carro, por lo menos no se veía el sitio donde se le pudieran encajar unas ruedas, y entonces preguntó, ¿Qué estás haciendo? El niño fingió que no había oído y siguió excavando en la madera con la punta de la navaja, esto pasó en el tiempo que los padres eran menos asustadizos y no corrían a quitar de las manos de los hijos un instrumento de tanta utilidad para la fabricación de juguetes. No me has oído, qué estás haciendo con ese palo, volvió a preguntar el padre, y el hijo, sin levantar la vista de la operación, respondió, Estoy haciendo un cuenco para cuando seas viejo y te tiemblen las manos, para cuando tengas que comer en el patio, como el abuelo. Fueron palabras santas. Se cayeron las escamas de los ojos del padre, vio la verdad y la luz, y en el mismo instante fue a pedirle perdón al progenitor y cuando llegó la hora de la cena con sus propias manos le ayudó a sentarse en la silla, con sus propias manos le acercó la cuchara a la boca, con sus propias manos le limpió suavemente la barbilla, porque todavía podía hacerlo y su querido padre ya no…

José Saramago.Las intermitencias de la muerte.

martes, 22 de diciembre de 2009

Los amigos

El Gusano y el Escarabajo
Un gusano y un escarabajo eran amigos y se pasaban charlando largas horas. El escarabajo estaba consciente de que su amigo el gusano era muy limitado en movilidad, tenía visión muy restringida y era muy tranquilo y pasivo comparado con los escarabajos.
El gusano, por su parte, estaba muy consciente de que su amigo el escarabajo venía de otro ambiente, y de que, en comparación con los gusanos de su especie, comía cosas desagradables, era muy acelerado, tenía una imagen grotesca y hablaba con mucha rapidez.
Un día, la compañera de vida del escarabajo le cuestionó a éste su amistad con el gusano, preguntándole cómo era posible que caminara tanto para ir al encuentro de un ser tan inferior, un ser tan limitado en sus movimientos…… y por qué seguía siendo amigo de alguien que ni siquiera le devolvía los saludos efusivos que el escarabajo le hacía desde lejos.
Pero el escarabajo estaba consciente de que, debido a lo limitado de su visión, el gusano muchas veces ni siquiera veía que alguien lo saludaba y, si acaso llegaba a notarlo, no distinguía si era o no el escarabajo, y por ello no contestaba el saludo. Sin embargo, el escarabajo calló para no discutir con su compañera.
Fue tanta la insistencia de la escarabaja y tantos sus argumentos cuestionando la amistad que su compañero mantenía con el gusano que el escarabajo decidió poner a prueba esa amistad alejándose del gusano para esperar a que éste lo buscara.
Pasó el tiempo, y un día llegó la noticia de que el gusano estaba muriendo, pues su organismo se había resentido por los esfuerzos que cada día hacía para ir a ver a su amigo el escarabajo y, como no lo conseguía durante toda una jornada diurna, el gusano tenía que devolverse sobre sus pasos para pasar la noche en el refugio de su propia casa.
Al saber esto, el escarabajo, sin preguntar a su compañera, decidió ir a ver al gusano.
En el camino se cruzó con varios insectos que le contaron de las diarias e infructuosas peripecias del gusano para ir a ver a su amigo el escarabajo y averiguar qué le había pasado.
Le contaron de cómo se exponía día a día para ir a buscarlo, pasando cerca del nido de los pájaros. De cómo sobrevivió al ataque de las hormigas y así sucesivamente.
Llegó el escarabajo hasta el árbol donde yacía el gusano esperando ya el momento final. Y al verlo a su lado, el gusano, apenas con un hilo de vida, le dijo al escarabajo cuánto le alegraba ver que se encontrara bien.
Sonrió por última vez y se despidió de su amigo sabiendo que nada malo le había pasado a éste.
El escarabajo sintió vergüenza por haber permitido que las opiniones de otros minaran su amistad con el gusano y sintió dolor por haber perdido las muchas horas de regocijo que las pláticas con su amigo le proporcionaban y, sobre todo, por haberle puesto en una situación que le causó la muerte.
Al final entendió que el gusano, siendo tan diferente, tan limitado y tan distinto de lo que él era, era su amigo, a quien respetaba y quería porque, a pesar de pertenecer a otra especie, le había ofrecido su amistad.
Y así aprendió varias lecciones ese día:
La amistad está en ti y no en los demás. Si la cultivas en tu propio ser, encontrarás el gozo del amigo.
El tiempo no condiciona las amistades. Tampoco lo hacen las razas ni las limitantes propias o las ajenas.
Cuando pierdes un amigo, una parte de ti se va con él. Las frases, los gestos, los temores, las alegrías, las ilusiones, … todo lo que ambos compartieron en el tiempo, se va con él.
El escarabajo murió poco después. Nunca se le escuchó quejarse de quien mal lo aconsejó, pues fue decisión suya el prestar oídos a las críticas sobre su amigo.
(Anónimo)

lunes, 21 de diciembre de 2009

Cuando todo parece perdido... algo nuevo puede surgir...

SEÑALES DE HUMO
El único sobreviviente de la inundación de un barco a causa de una terrible tormenta, fue llevado por las olas a una isla completamente deshabitada. El hombre, desesperado y sin saber qué hacer, rezaba continuamente a Dios pidiendo por su rescate. Todos los días miraba hacia el horizonte en busca de algún barco, pero nunca veía nada. Ni siquiera el indicio de una pequeña señal. Con el paso del tiempo perdió toda esperanza. Ya cansado, decidió construir una pequeña choza con ramas secas para protegerse del viento y la lluvia y además, guardar las pocas pertenencias que conservaba.
Pero un día, mientras escarbaba en el suelo en busca de algo de comida, vio sorprendido que su pequeña choza ardía en llamas: estaba siendo consumida por el fuego con todo lo que había dentro. La desesperación fue total. Ya no podía pasarle nada peor. Todo estaba perdido. El hombre estaba derrumbado. "¡Dios mío, cómo pudiste hacerme esto!, exclamaba mientras lloraba amargamente.
Al día siguiente, muy temprano, por la mañana, al hombre le despertó el sonido de un barco que se aproximaba a la isla. ¡Venían a rescatarlo! "¿cómo supieron que estaba allí?, preguntó a los hombre que lo rescataron.. "Tuviste suerte- le contestaron- Vimos tus señales de humo"
(Anónimo)

sábado, 19 de diciembre de 2009

Un mundo lleno de ruido

LA FLOJERA
Cuando el telégrafo era el método más rápido de comunicación de larga distancia, un joven solicitó trabajo como operador del Código Morse, en respuesta a un anuncio en el periódico, se fue a la dirección, entró a una oficina grande y ocupada, llena de ruido, incluyendo el sonido del telégrafo, en el fondo un anuncio en el módulo de recepción indicaba a los solicitantes a llenar una forma y esperar hasta que se les llamara a entrar a la oficina interna.
El joven llenó la forma y se sentó junto con otros 7 que también estaban esperando su turno.
Después de unos minutos, el joven se paró, cruzó el cuarto y fue hacia la oficina interna, y se metió. Naturalmente los otros solicitantes se preguntaban qué estaba pasando, murmuraban entre sí que no habían llamado a nadie todavía. Asumieron que el joven que había entrado había cometido un error y sería descalificado.
A los pocos minutos, sin embargo, el gerente acompañó al joven fuera de la oficina y dijo a los demás solicitantes "Caballeros, muchas gracias por venir, pero el puesto ya está ocupado".
Los otros empezaron a comentar el uno con el otro, y uno de ellos preguntó, "Espera un minuto, yo no entiendo. El fue el último en venir, y nosotros ni siquiera tuvimos oportunidad de ser entrevistados. Sin embargo a él le dan el trabajo. No es justo" .
El gerente dijo, "Lo siento, pero los últimos minutos mientras estaban sentados allí, el telégrafo les estaba mandando un mensaje en Código Morse que decía: "Si entiendes este mensaje, entra, el puesto es tuyo. Ninguno de ustedes lo escuchó ni lo entendió". Este joven sí. El trabajo es suyo.
(Anónimo)

viernes, 18 de diciembre de 2009

A veces nos distraemos con las cosas pequeñas y nos olvidamos de lo más grande

Mientras un pastor se dirigía a un grupo de hombres, tomó un trozo grande de papel e hizo un punto negro en el centro. Luego tomó el papel y les preguntó que veían.
Una persona contestó: "Yo veo una marca negra." "Correcto -dijo el predicador. ¿Qué más?" Se hizo un total silencio. "Estoy muy sorprendido -comentó el orador-. Han ignorado totalmente lo más importante de todo: la hoja de papel."
(Anónimo)

jueves, 17 de diciembre de 2009

La verdadera libertad

Dos hombres fueron condenados. La sentencia consistía en que en un día determinado, en veinte años, serían torturados lentamente hasta la muerte.
Al escuchar la sentencia, el más joven se retorció de la pena y del dolor, y a partir de ese día, cayó en una profunda depresión.
"¿Para qué vivir?" se preguntaba, "si de todas maneras van a arrebatarme la vida, y de una manera inconcebiblemente terrible?"
Desde ese día nunca fue el mismo. Cuando alguno de sus cercanos, compadecido por su estado, le ofrecía apoyo para tratar de alegrarlo, respondía rencorosamente diciendo:
- Claro, como tú no tienes que cargar mis penas, todo te parece fácil.
En otras ocasiones también replicaba:
- Tú no sabes lo que sufro, no es posible que me entiendas...
Y, a veces, alegaba en voz alta:
- ¿Para qué me esfuerzo? Si de todas formas...
Y así, poco a poco, el hombre se fue encerrando en su amarga soledad y murió mucho antes de que se cumpliera el plazo de los veinte años.
El otro hombre, al escuchar la sentencia, se asustó y se impresionó, sin embargo a los pocos días resolvió que, como sus días estaban contados, los disfrutaría.
Con frecuencia afirmaba:
- No voy a anticipar el dolor y el miedo empezando a sufrir desde ahora.
Otras veces decía:
- Voy a agradecer con intensidad cada día que me quede.
Y, en vez de alejarse de los demás, decidió acercarse y disfrutar a los suyos, para sembrar en ellos lo mejor de sí.
Cuando alguien le mencionaba su condena, respondía en broma:
- Ellos me condenaron, yo no me voy a condenar sufriendo anticipadamente y, por ahora, estoy vivo.
Fue así que, paulatinamente, se convirtió en un hombre sabio y sencillo, conocido por su alegría y su espíritu de servicio.
Tanto, que mucho antes de los veinte años, le fue perdonada su condena.
(Anónimo)

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Copias, reflejos y dobles...

La Canción de Ahangar
Años atrás, antes de "la era de la comunicación", pueblos enteros se reunían al anochecer a la luz de una fogata. Contaban historias, cantaban, hacían palmas, bailaban, reían y soñaban. A veces, en algún lugar, alguien recordaba el cuento de la canción del paraíso y todos quedaban asombrados por su singular paradoja. Cada vez que se cuenta esta historia, los que la entienden experimentan un profundo cambio: la gente piensa que un suceso así es una catástrofe, ya que no pueden entender (tal es la naturaleza de su vida ordinaria) que tienen algo más que una vida, más que una esperanza, más que una oportunidad... allá arriba, en el Paraíso de la Canción de Ahangar.
Ahangar era un cantante aficionado, que en esas noches alegres y animado por el hechizo embriagador de la hoguera y la perfumada belleza de su amada Aisha, entonaba una melodía muy especial, con una extraña cadencia y una maravillosa historia de un pueblo donde la gente era inmensamente feliz. Cuando alguien le preguntaba si ese pueblo existía en realidad, Ahangar siempre respondía afirmativamente.
Cierta noche, un brabucón soldado llamado Hasan, que codiciaba a la hermosa Aisha, lo retó a demostrar la veracidad de la historia e incitó a la joven a que no confiase en él.
Ahangar, se vio de esta forma obligado a iniciar un tremendo viaje que finalmente lo llevaría hasta el soñado Valle del Paraíso.
Unos meses más tarde, cuando volvió, todos quedaron boquiabiertos al ver lo viejo que se había vuelto:
-Bueno, Maestro Ahangar, ¿conseguiste llegar al Valle del Paraíso?
-Llegué.
-¿Y cómo es?
Ahangar, buscando las palabras, miró a la gente reunida con un cansancio y una desesperación que jamás había sentido antes. Por fin dijo: -Anduve y anduve, escalé montañas, atravesé ríos y desiertos. Después de muchas dificultades, cuando creía desfallecer, llegué a un valle. Era un valle exactamente igual que éste en el que vivimos. Y luego me encontré con sus habitantes. Aquellas personas no son sólo personas como nosotros: son las mismas personas. Para cada Hasan, cada Aisha, cada Ahangar, para cada uno de los que aquí estamos, hay otro exactamente igual en aquel valle. Al principio me parecieron copias y reflejos de nosotros, pero descubrí que en realidad somos nosotros sus copias y reflejos: nosotros, los que estamos aquí, somos sus dobles.
(Anónimo)

martes, 15 de diciembre de 2009

Florecer y producir a la vez

La flor de loto
Meditaba el sabio Qi-Tsu reunido con sus alumnos en el jardín del loto, cuando se oyó una discusión distante, pero grave. Un hombre forcejeaba con el guardián de la puerta.
Qi dio orden de que lo dejaran entrar.
El alborotador, atravesó presuroso el jardín hasta el círculo de oyentes y dirigiéndose sin respeto al maestro vociferó en su cara:
- ¡Eres un farsante! ¡Un maldito embustero que llenas de mentiras las cabezas huecas! -y señalando alrededor con el dedo indeciso, prosiguió- ¡Los utilizas para que mendiguen tu comida! Algunos discípulos hicieron amago de levantarse para echarlo, pero el maestro extendió con calma su mano indicando que volvieran a sentarse.
-Les hablas de dioses...¡De dioses! Pero te diré cual es mi sabiduría, viejo chiflado: No importa si mientes o si rezas, si trabajas o si robas... lo que importa es tener un plato de comida caliente todos los días, sin que te corten el cuello por ello! ¡Y tu eres un maldito hipócrita que mientes sobre lo que no sabes para inflar tu gorda barriga! ¿Queréis ver a dios, ¡eh!? ¡Yo os lo mostraré! -Agitado y nervioso apretó con fuerza una moneda de plata entre el índice y el pulgar -¡Aquí está!¡Aquí está! Todos callaban mientras el hombre miraba a su alrededor. En ese momento, y antes de marcharse, se volvió dos pasos rápidamente y escupió al maestro a la cara.
El sabio, que volvió a mostrar su mano en señal de calma, sacó un pañuelo con el que se limpió el salibajo.
Sus alumnos estaban indignados; muchos, alababan interiormente la paciencia de Qi-Tsu, otros, se sentían cobardes por obediencia.
Tras un silencio eterno, cuando por fin el irritante personaje se alejó, Qi-Tsu sentenció:
- Negar la existencia del objeto de odio, no mengua el dolor. Algunos creyeron que hablaba de si mismo, de la paciencia, del perdón; entonces preguntó:
-¿Realmente un hombre no cree en Dios porque no acepta Su voluntad? Todos callaban queriendo olvidar el incidente, pero el veterano discípulo Lu San, que sabía algo más, respondió a esa cuestión:
- No aceptar lo inaceptable es cualidad divina. Olvidar es ignorar el problema, pero perdonar, reconciliar y aceptar es el camino del amor. Sin embargo, maestro, nadie puede decidir el camino que otro ha de tomar.
El cansado sabio, con un agradecido gesto aprobó esas palabras. Irguiéndose del suelo volvió a inclinar su cabeza en señal de despedida y se retiró a su habitación con lágrimas en los ojos.
Los monjes empezaron a murmurar entre si: unos discutían sobre la paciencia, otros sobre la humildad y paz interior del maestro, aquellos sobre la determinación y la benevolencia. Entonces Lu, levantándose a su vez, les dijo:
-No habéis entendido nada. Ese trágico hombre, era Chen Wan, antiguo compañero del maestro. Igual que el, perdió a toda su familia mientras combatían en la guerra. Aquel día, muchos comprendieron, que todas las virtudes del sabio Qi-Tsu, eran en realidad, expresiones de su amor, que como la flor de loto, florece y produce semillas a la vez.
(Anónimo)

lunes, 14 de diciembre de 2009

No dejar de soñar

EL CUENTO DE LA SOÑADORA
María llevaba mucho tiempo dando clase a niños y niñas entre 8 y 10 años. Procuraba siempre que podía que en su clase los niños no sólo aprendiesen las asignaturas que estaban establecidas sino que adquiriesen valores, esos que tanto se habían perdido y que eran la base sobre la que se debería levantar la sociedad.
Le encantaba ver las caras de asombro de aquellos niños cuando les hablaba de guerreros valientes y leales, cuando les enseñaba el valor de la palabra, o les hacía viajar con su imaginación, porque, a pesar de que todos sabían viajar por Internet y manejaban perfectamente los ordenadores, no sabían soñar.Aquel día era un día especial, era el último día de clase y para ese día les tenía reservado un cuento de despedida.
Así, como habían hecho muchas tardes durante el curso, se sentaron todos en círculo y empezó a narrar la historia.
El cuento, les dijo, es el Cuento de la Soñadora. Y comienza así...
"En la Tribu de la Montaña había una Soñadora, y cada año, en el equinoccio de verano, se reunía con toda su tribu en torno a una gran hoguera. Cuando llegaba la noche la Soñadora empezaba a danzar en torno al fuego.
Aquel año la noche era oscura, iluminada tan sólo por el resplandor de la hoguera, una hoguera que parecía un gran corazón que latía al ritmo de los tambores.
La Soñadora empezó con su danza. Sus movimientos rápidos al principio se volvieron poco a poco más lentos y armoniosos, era como si hubiera conectado con una melodía que procedía de algún lugar del espacio.
Después de un tiempo la Soñadora se sentó. De sus ojos, que permanecían cerrados, empezaron a brotar lágrimas. Su cara se llenó de dolor y de sus labios empezaron a salir las palabras_
Veo mucho dolor, veo jóvenes que caminan sin rumbo, van deprisa, muy deprisa, algunos van inconscientes, otros buscan algo pero en realidad no saben qué. Veo ancianos que están solos, en sus caras está dibujada la tristeza porque ya nadie les escucha ni valora su sabiduría.
Es un pueblo que camina sin ilusión, es un pueblo que no sabe soñar.
Y un grito lleno de dolor salió de la soñadora: Pero, ¿qué será de los hombres si se olvidan de soñar?...
Se convertirán en muertos vivientes, les dijo, serán zombis que caminarán por la vida sin rumbo, sin objetivos, sin metas.
Porque los sueños son como cuerdas que se lanzan al futuro para luego, a través de ellas, poder ascender a él.
Los sueños condicionan las vidas y hacen que cada uno se convierta en aquello que desea ser.
Y es que cada día, cada segundo de la existencia de una persona, está llena de pequeños e importantes sueños, sueños que forman parte de otro gran sueño, el sueño que está oculto en el interior de cada uno y que para descubrirlo hay que entrar dentro, en lo más profundo de uno mismo.
El Sueño contiene escrito lo que cada uno desea ser, lo que quiere realizar y el sentido que quiere dar a su vida.
A través del Sueño se llega a la Mente, al espacio donde todo nace, donde no existe el tiempo ni las limitaciones, donde se crea el destino, donde surge la consciencia.
Y es que en el Sueño está el poder, el poder que cada uno posee, su voluntad, su capacidad. Sólo quien conecte con su Sueño podrá dar sentido a su vida y nada ni nadie le harán cambiar.
La Soñadora se quedó en silencio. Luego, su cara se iluminó, se levantó y comenzó a danzar en torno al fuego sagrado y dirigiéndose hacia él le dijo... No podemos permitir que el hombre pierda la capacidad de soñar, de volar, de ser libre.
El Sueño está fuera del tiempo y ningún poder humano es superior a él.
He visto el futuro, un futuro en el que existe mucho dolor porque el hombre no sabe soñar, pero si el hombre no sabe soñar despierto por lo menos que sueñe dormido para que así, a través de esos sueños, pueda llegar hasta él el recuerdo, el conocimiento de lo que ha perdido y también de los deseos que hay en su interior.
Será un poco más difícil porque tendrá que aprender a separar en sus sueños lo útil de lo inútil, pero por lo menos no dejará de soñar".
Y así fue como la Soñadora hizo un pacto con el Fuego, un pacto a través del cual el hombre no se olvidaría nunca de soñar.Ahora ya sabéis, continuó María, porqué soñamos, y lo importante que es que nunca dejéis de soñar.
( ELENA G. GOMEZ)

domingo, 13 de diciembre de 2009

Solución...


solidarine

FORMULA

Cada cápsula contiene:

Respeto-sina .............................. 30 mg

Escucha-to ................................ 20 m

gConciencia (crítica) ................... 40 mg

ompromisicina ........................ 40 mg

Utopial ....................................... 10 mg

Potenciador de justicia

otenciador de análisis globales

INDICACIONES
Enfermedades provocadas por la mala distribución de la riqueza.
Solidarine está indicado en caso de consumitosis, ahogos consumistas y consumismo compulsivo.
Hiperactividad de la hormona del enriquecimiento y en casos de lucronosis, repartofobia e iscoajenofilia (inclinación a la retención de lo ajeno).
Problemas en la percepción de los diferentes.
Ataques de etnocentrismo expresado con alergias a otras etnias y a manifestaciones culturales diferentes.
Especialmente indicado para el tratamiento de pieles afectadas por el llamado hongo del perjuicio (se presenta en forma de pomada que tiene a la vez efectos bronceadores).
Alergia a la igualdad de sexos.

PROBLEMAS COMUNICATIVOS

Solidarine facilita la absorción de la vitamina OPV (Otro Punto de Vista) que ayuda a resolver conflictos individuales y sociales. También está indicado en casos de cinismo y sordera selectiva.

AFECCIONES CEREBRALES

Síndrome del avestruz o conciencia crítica comatosa. Útil como potenciador de análisis globales (de lo que suele llevar a ir más allá de las verdades oficiales). Especialmente indicado en alteraciones de la escala de valores, amnesia histórica, autoritaritosis y en casos de individualismo aislacionista.

AFECCIONES CARDIOVASCULARESP

articularmente útil para el tratamiento de esclerosis en las vías cerebro-corazón y en caso de insuficiencia afectiva.

AFECCIONES PSICOMOTRICESAlteraciones en el paso del pensamiento al acto. Atrofia de la cuerda vocal de la denuncia. Torcedura en el respeto a los Derechos Humanos.

CONTRAINDICACIONES

No se conocen. Es recomendable para todo el mundo a modo de prevención o como tratamiento.

EFECTOS SECUNDARIOS

Este medicamento es generalmente bien tolerado por la mayoría de las personas. No obstante, en determinados casos, pueden producirse vómitos de indignación, sentimientos de impotencia y dolor de corazón. También pueden producirse ataques de ternura, risa fácil, ganas irrefrenables de cantar y bailar, enamoramiento u otra serie de síntomas que no deben preocuparle.

INCOMPATIBILIDADES

Este medicamento es incompatible con el consumo habitual de letargoles y de individuamicinas.

NTOXICACIÓN Y SU TRATAMIENTO

Solidarine es un producto respetuoso con las personas y el medio ambiente. Carece de toxicidad. Se vende con receta medica.

Importante para el hombre y la mujer

El uso de este producto está recomendado, para el tratamiento, junto con otros medicamentos, aunque puede producir lloro de ojos, dolor de corazón, remordimientos y malestar general, siendo peligroso para su conciencia. Este tratamiento conjunto debe ser vigilado por su médico

sábado, 12 de diciembre de 2009

Raíces propias

El Roble y la Hiedra
Un hombre edificó su casa. Y la embelleció con un jardín interno. En el centro plantó un roble. Y el roble creció lentamente. Día a día echaba raíces y fortalecía su tallo, para convertirlo en tronco, capaz de resistir los vientos y las tormentas.
Junto a la pared de su casa plantó una hiedra y la hiedra comenzó a levantarse velozmente. Todos los días extendía sus tentáculos llenos de ventosas, y se iba alzando adherida a la pared.
Al cabo de un tiempo la hiedra caminaba sobre los tejados. El roble crecía silenciosa y lentamente.
— ¿Cómo estás, amigo roble?, preguntó una mañana la hiedra.
—Bien, mi amiga, contestó el roble.
—Eso dices porque nunca llegaste hasta esta altura —agregó la hiedra con mucha ironía—.Desde aquí se ve todo tan distinto. A veces me da pena verte siempre allá en el fondo del patio.
—No te burles, amiga —respondió muy humilde el roble—. Recuerda que lo importante no es crecer deprisa, sino con firmeza.
Entonces la hiedra lanzó una carcajada burlona.Y el tiempo siguió su marcha. El roble creció con su ritmo firme y lento. Las paredes de la casa envejecieron.
Una fuerte tormenta sacudió con un ciclón la casa y su jardín. Fue una noche terrible. El roble se aferró con sus raíces para mantenerse erguido. La hiedra se aferró con sus ventosas al viejo muro para no ser derribada. La lucha fue dura y prolongada.
Al amanecer, el dueño de la casa recorrió su jardín, y vio que la hiedra había sido desprendida de la pared, y estaba enredada sobre sí misma, en el suelo, al pie del roble. Y el hombre arrancó la hiedra, y la quemó.
Mientras tanto el roble reflexionaba:—Es mejor crecer sobre raíces propias y crear un tronco fuerte, que ganar altura con rapidez, colgados de la seguridad de otros.

De: "Historias para Reflexionar II". Se desconoce el autor.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Aprovechar las grietas

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros.
Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua. Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al cargador diciéndole: "Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías."
Éste le dijo compasivamente: "cuando regresemos a la casa, quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino". Así lo hizo la tinaja. y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.
Él entonces le dijo:
-¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.
(Anónimo)

jueves, 10 de diciembre de 2009

Buscar la salida

Cuenta una antigua leyenda que, en la Edad Media, un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso, desde el primer momento, se procuró encontrar un chivo expiatorio para encubrir al culpable. El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas posibilidades de escapar al terrible veredicto: LA HORCA.
El Juez, también en complot, cuidó no obstante de dar todo el aspecto de un juicio justo. Por lo que dijo al acusado:
"Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de Él tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras CULPABLE e INOCENTE. Tu escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino."
Por supuesto el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: CULPABLE, pero el hombre virtuoso, aún sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria.
El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Este respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse abrió los ojos y con una extraña sonrisa en los labios, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente.
Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon de modo airado:
- Pero... ¿Qué hizo?... y ¿ahora cómo vamos a saber cuál ha sido el veredicto?
- Es muy sencillo, respondió el hombre... Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que me tragué.
Con rezongos y bronca mal disimulada, debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.
(Anónimo)

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Día a día caminamos hacía la meta

Un peregrino se propuso llegar al País de la Verdad. Colocó su mochila en el suelo y empezó a preparar el equipaje para la gran aventura.
El problema era que lo que tenía que llevar era mucho...Le costó mucho tiempo prepararlo todo; necesitó la ayuda de su madre. Al final tuvo que dejar algunas cosas sin meter.
Por fin llegó el día de partir y cargando su mochila al hombro emprendió el camino. ¡Qué largos y pesados se le hacían algunos días ¡Cuántas expectativas llevaba en el corazón! Con tal sobrecarga quedaban molidas las costillas. Hubo también días en que fue maravilloso: El pasaje, el camino, y sobre todo los compañeros de viaje. No pocas veces les tuvo que echar él una mano y en otras su compañía, consejo y ayuda que le resultaron a él de inestimable valor ¡Jamás habría podido llegar solo a la meta! Cuando necesitaba recobrar fuerzas, se detenía con sus compañeros.
Esas paradas le eran absolutamente necesarias para descansar y tomar alimentos, pero sabía que no podía abusar de ellas, puesto que así nuca alcanzaría su objetivo. Es lo que ocurrió con un buen amigo suyo. No quiso deshacerse de parte del peso y comenzó a detenerse en todas partes. Claro, así terminó por perderle de vista...
Una de las jornadas fue tan dura y pedregosa que su pies terminaron reventados. Cuando llegó a un puesto de socorro, le tuvieron que curar un montón de heridas. Y así, día a día..., mes a mes...descanso a descanso...nuestro peregrino llegó a la meta.
Cuentan que en el País de la Verdad fue feliz, y que tanto le gustó la aventura que todos los años quiso emprender un gran viaje hacia nuevas metas.
(Anónimo)

martes, 8 de diciembre de 2009

Los enemigos internos…

"El día del Sabbath el, hijo de un rabí acudió al servicio religioso de una población cercana.
Al volver, su familia le preguntó: "¿Y allí hacen algo diferente a lo que hacemos nosotros?"
"Si" respondió el hijo "¿
AH, si? ¿Y que es lo que has aprendido?.
"Ama a tu enemigo como a ti mismo" -replicó éste. "
Entonces enseñan lo mismo que nosotros.
¿Por qué dices que has aprendido algo nuevo?"
"Me enseñaron a amar a los enemigos internos" -replicó finalmente.
(Relato jasídico, desconozco el autor)

lunes, 7 de diciembre de 2009

Dar de Corazón

Una vez un limosnero que estaba tendido a un lado de la calle, vio venir, a lo lejos, a la Reina del lugar. Y éste pensó: "Le voy a pedir, ella es buena y seguro me dará algo". Y cuando la Reina se acercó, le dijo:
—Majestad podría, por favor, regalarme una moneda? —¡y en su interior pensaba que ella le daría mucho! La Reina lo miró y le respondió:
—¿Por qué no me das algo tú? Acaso, ¿no soy tu Reina?
El mendigo no sabía que responder y sólo atinó a balbucear:
—Pero, Majestad... Yo no tengo nada!
La Reina le contestó:
—Algo debes tener... ¡busca!...
Entre asombro y enojo, el mendigo buscó entre sus cosas y vio que tenía una naranja, un pan y unos granos de arroz. Pensó que la naranja y el pan eran mucho para darlos, así que, en su molestia, tomó cinco granos de arroz y se los dio a la Reina. Complacida ella le dijo:
—¡Ves, como sí tenías!... Y le acercó cinco monedas de oro: Una por cada grano de arroz. El hombre dijo entonces:
—Majestad... creo que acá tengo otras cosas.
La Reina lo miró fijamente a los ojos y con dulzura le comentó:
—Solamente de lo que has dado de corazón te puedo retribuir.
(Autor Desconocido)

domingo, 6 de diciembre de 2009

MI vida… MI destino… MI casa…MÍ… MÍ…No lo sabemos todo

Una vez iba un hombre en su automóvil por una larga y muy solitaria carretera cuando de pronto, su auto comenzó a detenerse hasta quedar estático. El hombre bajó, lo revisó, trató de averiguar que era lo que tenía. Pensaba que pronto podría encontrar que era lo que tenía el auto pues hacía muchos años que lo conducía, sin embargo después de mucho rato se dió cuenta de que no encontraba el daño del motor. En ese momento apareció otro auto, del cual bajó un hombre a ofrecerle ayuda.
El dueño del primer auto dijo:
- Mira, este es mi auto de toda la vida, lo conozco como la palma de mi mano. No creo que tu sin ser el dueño puedas hacer algo.
El otro hombre insistió con una cierta sonrisa, hasta que finalmente el primer hombre dijo:
- Bueno, haz el intento pero no creo que puedas pues este es MI auto.
El segundo hombre echó manos a la obra y en pocos minutos encontró el daño que tenía el auto y lo pudo arrancar. El primer hombre quedó atónito y preguntó:
Como pudiste arreglar el auto si es MI auto?
El segundo hombre contestó:
- Verás, mi nombre es Felix Wankel....yo inventé el motor rotatorio que usa tu auto!
(Desconozco el autor)

sábado, 5 de diciembre de 2009

Toso es importante, sin piedras no hay arco

Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
- ¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente? - pregunta Kublai Jan.
- El puente no está sostenido por esta piedra o por aquélla, -responde Marco- sino por la línea del arco que ellas forman.
Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:
- ¿Por qué me hablas entonces de las piedras? Lo único que me importa es el arco. Polo responde:
- Sin piedras no hay arco.
(Texto medieval)

viernes, 4 de diciembre de 2009

Manía de creer que pensamos diferente

Hace miles de años, dos filósofos se hallaron en un cerro del Líbano, y uno de ellos le preguntó al otro: ¿A dónde vas?.
Y el otro filósofo respondió: Voy a la búsqueda de la fuente de la eterna juventud que por lo que he leído, mana entre estos montes. He hallado unas escrituras que mencionan esa fuente, manando hacia el sol por estos rumbos. Y tú ¿que estás buscando?.
El primer filósofo contestó: Ando en busca del misterio de la muerte. Después, cada uno de ellos pensó que el otro era un necio y visionario y comenzaron a disputar enardecidos y a culparse ambos de ceguera de espíritu.
En tanto los dos filósofos se insultaban, un forastero, un varón al que creían el tonto del pueblo, pasó por allí y al escuchar que aquellos dos varones peleaban con ardor, se paró un instante a oír lo que decían.
Después el recién llegado se aproximó a los filósofos y dijo:
Amigos, parece ser que los dos sois de la misma escuela filosófica y que decís lo mismo, solamente que con distintas palabras. Uno busca la fuente de la eterna juventud y el otro busca el misterio de la muerte. No obstante, si bien razonáis, ambas cosas son la misma y se encuentran dentro de vosotros mismos.
Después, el forastero se dio media vuelta, exclamando: Adiós, varones serpientes.
Y al irse, sonrió con indulgencia.
Los dos filósofos se miraron callados y luego comenzaron a reírse de sí mismos. Y uno de ellos terminó: Bueno, ¿que opinas si, ahora, andamos juntos, para buscar juntos.....?
(Anónimos)

jueves, 3 de diciembre de 2009

Dar sentido a la vida

El Loco
En el jardín de un hospicio conocí a un joven de rostro pálido y hermoso, allí internado.
Y sentándome junto a él sobre el banco, le pregunté:
-¿Por qué estás aquí?
Me miró asombrado y respondió:
-Es una pregunta inadecuada; sin embargo, contestaré. Mi padre quiso hacer de mí una reproducción de sí mismo; también mi tío. Mi madre deseaba que fuera la imagen de su ilustre padre. Mi hermana mostraba a su esposo navegante como el ejemplo perfecto a seguir. Mi hermano pensaba que debía ser como él, un excelente atleta. Y mis profesores, como el doctor de filosofía, el de música y el de lógica, ellos también fueron terminantes, y cada uno quiso que fuera el reflejo de sus propios rostros en un espejo. Por eso vine a este lugar. Lo encontré más sano. Al menos puedo ser yo mismo.
Enseguida se volvió hacia mí y dijo:
-Pero dime, ¿te condujeron a este lugar la educación y el buen consejo?
-No, soy un visitante -respondí.
-Oh -añadió él- tú eres uno de los que vive en el hospicio del otro lado de la pared.
( Khalil Gibran)

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Buscar en los demás sus cualidades y no sus defectos

La viejecita
Cuentan de una viejecita irlandesa que nunca hablaba mal de nadie. Siempre encontraba algo bueno en la peor persona. Un día falleció un hombre que parecía atesorar en sí todas las miserias humanas: era ladrón, borracho, pendenciero, pegaba a su mujer y a sus hijos....una verdadera calamidad, un estorbo para la comunidad.
La noche del velorio, llegó la viejecita a la sala donde se iba a rezar el Santo Rosario por el difunto.
Todos se miraron y se decían por dentro: de este si que no podrá decir nada bueno. La viejecita estuvo un momento callada. Parecía que efectivamente no sabía que decir. Al fin, habló:
-Ciertamente sabía silbar. Daba gusto oírle cuando pasaba por debajo de mi ventana todas las mañanas. Le echaré de menos......
(Anónimo)

martes, 1 de diciembre de 2009

Amor paterno y persistencia

Mi padre me verá jugar
Un muchacho vivía solo con su padre; ambos tenían una relación extraordinaria y muy especial. El joven pertenecía al equipo de fútbol americano de su colegio. Usualmente no tenía la oportunidad de jugar, sin embargo su padre permanecía siempre en las gradas haciéndole compañía en cada partido.
El joven era el más bajo en estatura de su clase. Pese a ello, cuando comenzó la secundaria insistió en participar en el equipo de fútbol del colegio. Su padre le daba orientación y le explicaba que no tenía que jugar fútbol si no lo deseaba en realidad... pero el hijo amaba el fútbol, no faltaba a una práctica, ni a un juego. Estaba decidido a dar lo mejor de sí, ¡se sentía felizmente comprometido!
Durante su vida en secundaria, lo recordaron como "El calentador de banco", debido a que siempre permanecía sentado. Su padre lo animaba con su espíritu de aliento y el mejor apoyo que hijo alguno podía esperar.
Cuando comenzó la Universidad, intentó entrar al equipo de fútbol; todos estaban seguros que no lo lograría, pero a todos venció, entrando al equipo. El entrenador le dio la noticia, admitiendo que lo había aceptado además por la manera como él demostraba entregar su corazón y su alma en cada una de sus prácticas y porque eso le contagiaba a los demás miembros del equipo un gran dosis de ánimo.
La noticia llenó por completo a su corazón, corrió al teléfono más cercano y llamó a su padre, quien compartió con él la emoción. Le enviaba en todas la temporadas todas las entradas para que asistiera a los juegos de la universidad. El joven atleta era muy persistente, nunca faltó a una práctica ni a un juego durante los cuatro años de la universidad, sin embargo, nunca tuvo la oportunidad de participar activamente en alguno.
Cuando se acercaba el final de la temporada, justo unos minutos antes que comenzara el primer juego de las eliminatorias, el entrenador le entregó un telegrama. El joven lo tomó y luego de leerlo lo guardó en silencio, tragó muy fuerte y temblando le dijo al entrenador:
- "Mi padre murió esta mañana. ¿No hay problema de que falte al juego de hoy?".
El entrenador le abrazó y le dijo:
- "Tómate el resto de la semana libre, hijo, y no se te ocurra venir el sábado".
Llego el sábado y el juego no estaba muy bien. En el tercer cuarto cuando el equipo tenía 10 puntos de desventaja, el joven entró al vestuario, calladamente se colocó el uniforme y corrió hacia donde estaba el entrenador y su equipo, quienes estaban impresionados de ver a su luchador compañero de regreso.
- "Entrenador, por favor, permítame jugar... yo tengo que jugar hoy", imploró el joven. El entrenador pretendía no escucharle. De ninguna manera podía permitir que su peor jugador entrara en el cierre de las eliminatorias, pero el joven insistió tanto, que finalmente el entrenador sintiendo lástima y lo aceptó:
- "OK, hijo, puedes entrar. El campo es todo tuyo".
Minutos después el entrenador, el equipo y el público, no podían creer lo que estaban viendo. El pequeño desconocido, que nunca había participado en un juego, estaba haciendo todo perfectamente bien. Nadie podía detenerlo en el campo, corría fácilmente como toda una estrella. Su equipo comenzó a ganar, hasta empatar el juego. En los últimos segundos de cierre, el muchacho interceptó un pase y corrió todo el campo hasta ganar con un "touchdown".
La gente que estaba en las gradas gritaba emocionada y su equipo lo cargó por todo el campo. Finalmente, cuando todo terminó, el entrenador notó que el joven estaba sentado calladamente y solo en una esquina. Se acercó y le dijo:
- "Muchacho, no puedo creerlo, ¡estuviste fantástico!... Dime: ¿cómo lo lograste?"
El joven miró al entrenador y le dijo:
- "Usted sabe que mi padre murió... pero, ¿sabía que mi padre era ciego?" El joven hizo una pausa y trató de sonreír. "Mi padre asistía a todos mis juegos, pero hoy sería la primera vez que él podría verme jugar...y yo quise mostrarle que sí podía hacerlo".
(Anónimo)

lunes, 30 de noviembre de 2009

Bondad

Durante la Guerra Civil, el presidente Abraham Lincoln visitaba a menudo los hospitales para conversar con los soldados heridos.
Una vez los médicos le señalaron a un joven soldado, ya próximo a la muerte, y Lincoln se acercó a su cama.
-¿Puedo hacer algo por usted? -preguntó.
Era obvio que el soldado no había reconocido al presidente; haciendo un esfuerzo, pudo susurrar:
-Por favor, ¿me escribiría una carta para mi madre?
Alguien le dio lápiz y papel; el presidente comenzó a escribir cuidadosamente lo que el joven lograba dictar:
"Mi queridísima madre: Fui malherido mientras cumplía con mi deber. Temo que no podré recuperarme. Por favor, no te aflijas demasiado por mí. Besa de mi parte a Mary y a John. Que Dios los bendiga, a ti y a mi padre.
Como el soldado estaba demasiado débil para continuar, Lincoln decidió firmar la carta por él y agregó:
"Escrita en nombre de su hijo por Abraham Lincoln".
El joven pidió ver la nota y quedó atónico al saber quién la había escrito.
-¿De veras es el presidente? 'preguntó.
-Sí, lo soy -replicó Lincoln tranquilamente. Luego quiso saber si había alguna otra cosa que pudiera hacer por él.
-Por favor, ¿quiere darme la mano? -pidió el soldado-. Eso me ayudará cuando llegue el fin.
En la silenciosa habitación, el alto y enjuto presidente tomó la mano del muchacho y pronunció unas cálidas palabra de aliento hasta que llegó la muerte.
(Desconozco el autor)

domingo, 29 de noviembre de 2009

La forma adecuada

Un bizcocho para ti
Un niño le contaba a su abuelita que todo iba mal: la escuela, problemas con la familia y enfermedades.
Entretanto, su abuela confeccionaba un bizcocho.
Después de escucharlo, la abuelita le dice: "¿Quieres una merienda?" a lo cual el niño le contesta:
Claro que sí.
"Toma, aquí tienes un poco de aceite de cocinar.
"Yuck" dice el niño.
Que te parecen un par de huevos crudos?
"ARRR, abuela!"
Entonces prefieres un poco de harina de trigo, o tal vez poco de levadura?
"Abuela, te has vuelto loca, todo eso sabe horrible!" a lo que la abuela responde:
"Sí, todas esas cosas parecen horribles, si las ves cada una aparte. Pero si las pones juntas en la forma adecuada, hacen un maravilloso y delicioso bizcocho."
(Anónimo)

sábado, 28 de noviembre de 2009

Quizás lo mejor está aún por venir.

El tenedor
Había una mujer que había sido diagnosticada con una enfermedad incurable y a la que le habían dado sólo tres meses de vida. Así que empezó a poner sus cosas "en orden". Contactó a su sacerdote y lo citó en su casa para discutir algunos aspectos de su última voluntad.
Le dijo cuáles canciones quería que se cantaran en su misa de cuerpo presente, qué lecturas hacer y con qué traje deseaba ser enterrada.
La mujer también solicitó ser enterrada con su Biblia favorita. Todo estaba en orden y el sacerdote se estaba preparando para irse cuando la mujer recordó algo muy importante para ella. "Hay algo más", dijo ella exaltada. "¿Qué es?" respondió el sacerdote. "Esto es muy importante", continuó la mujer. "Quiero ser enterrada con un tenedor en mi mano derecha." El sacerdote se quedó impávido mirando a la mujer, sin saber exactamente qué decir. "Eso lo sorprende, ¿o no?" preguntó la mujer. "Bueno, para ser honesto, estoy intrigado con la solicitud", dijo el sacerdote.
La mujer explicó: "En todos los años que he asistido a eventos sociales y cenas de compromiso, siempre recuerdo que cuando se retiraban los platos del platillo principal, alguien inevitablemente se agachaba y decía, 'Quédate con tu tenedor'. Era mi parte favorita porque sabía que algo mejor estaba por venir... como pastel de chocolate o dulce de manzana. ¡Algo maravilloso y sustancioso!
Así que quiero que la gente me vea dentro de mi ataúd con un tenedor en mi mano y quiero que se pregunten '¿Qué hará con ese tenedor?'. Después quiero que usted les diga: 'Se quedó con su tenedor porque lo mejor está por venir'.."
Los ojos del sacerdote se llenaron de lágrimas de alegría mientras abrazaba a la mujer despidiéndose. Él sabía que ésta sería una de las últimas veces que la vería antes de su muerte. Pero también sabía que la mujer tenía un mejor concepto del Cielo que él mismo. Ella sabía que algo mejor estaba por venir.
En el funeral la gente pasaba por el ataúd de la mujer y veían el precioso vestido que llevaba, su Biblia favorita y el tenedor puesto en su mano derecha.
Una y otra vez el sacerdote escuchó la pregunta: "¿Qué hará con el tenedor?" y una y otra vez él sonrió. Durante su mensaje el sacerdote les platicó a las personas la conversación que había tenido con la mujer poco tiempo antes de que muriera. También les habló acerca del tenedor y qué era lo que simbolizaba para ella. El sacerdote les dijo a las personas cómo él no podía dejar de pensar en el tenedor y también que probablemente ellos tampoco podrían dejar de pensar en él. Estaba en lo correcto.
(Anónimo)

viernes, 27 de noviembre de 2009

Arrepentirse libera

El juez y los presos
Un juez iba a liberar a un preso de la cárcel, por lo que hizo pasar a uno por uno a una "entrevista" con él para ver quien merecía ser liberado.
Al preguntar al primero la razón de su encarcelamiento, éste le dijo:
-"Estoy aquí porque me calumniaron y me acusaron injustamente".
Llamó al segundo y éste contestó:
-"Estoy aquí porque dicen que robé, pero es mentira".
De esta forma fueron pasando todos los presos y se declaraban inocentes. Hasta que llegó el último que dijo:
-"Estoy aquí porque maté un hombre. Hirió a mi familia y perdí el control. Por eso lo maté. Hoy me doy cuenta que hice mal y estoy muy arrepentido".
El juez se levantó y dijo:
-"Voy a liberar a este último preso".
Todos se quedaron perplejos y dijeron:
-"Pero, ¿por qué lo vas liberar a él?"
El juez contestó: -"El castigo es para los que esconden sus faltas. La misericordia para los que las reconocen y se arrepienten".
(Anónimo)

jueves, 26 de noviembre de 2009

Opiniones, prejuicios y creencias...

Un hombre joven fue a visitar a un viejo maestro con el fin de que lo instruyera. El anciano lo recibió cariñosamente y le invitó a una taza de té. Mientras tanto, el recién llegado no paraba de hablar sobre sus muchos conocimientos, experiencias y aventuras.
El sabio cogió la tetera y empezó a verter té sobre la taza de su invitado. Pero cuando el líquido había llegado casi al borde, continuó inclinando la tetera en lugar de parar, de tal modo que el humeante líquido comenzó a derramarse.
–¿Qué hace usted? –exclamó el joven sobresaltado –. ¿No se da cuenta de que la taza rebosa y el té se está mojando el suelo?
Y, sin dejar de verter líquido sobre la taza, el anciano maestro le respondió:
–Ilustro esta situación. Tú, al igual que la taza, estás ya lleno de tus propias opiniones, prejuicios y creencias. ¿De qué serviría entonces que yo intentara enseñarte algo si antes no te vacías?
(Anónimo)

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Educar» viene del latín «edúcere», que quiere decir exactamente: sacar de dentro

El caballo estaba dentro
Cuentan que un pequeño, vecino de un gran taller de escultura, entró un día en el estudio del escultor y vio en él un gigantesco bloque de piedra. Y que, dos meses después, al regresar, encontró en su lugar una preciosa estatua ecuestre. Y, volviéndose al escultor, le preguntó: «¿Y cómo sabías tú que dentro de aquel bloque había un caballo?».
La frase del pequeño era bastante más que una «gracia» infantil. Porque la verdad es que el caballo estaba , en realidad, ya dentro de aquel bloque. Y que la capacidad artística del escultor consistió precisamente en eso: en saber ver el caballo que había dentro, en irle quitando al bloque de piedra todo cuanto le sobraba.
El escultor no trabajó añadiendo trozos de caballo al bloque de piedra, sino liberando a la piedra de todo lo que le impedía mostrar al caballo ideal que tenía en su interior. El artista supo «ver» dentro lo que nadie veía. Ese fue su arte.
(Anónimo)

martes, 24 de noviembre de 2009

Lo que tengo que hacer... ¡lo hago!...

Palabras de un reloj
Trabajo más que cualquier mortal, pero más fácilmente porque lo hago segundo a segundo.
Tengo que hacer miles de tic-tacs para formar un día, pero dispongo de un segundo para hacer cada uno de ellos. No los quiero hacer todos a la vez. Nunca me preocupo de lo que hice ayer, ni de lo que tendré que hacer mañana.
Mi ocupación es de hoy... ¡aquí y ahora!
Sé que si hago lo de hoy bien, no tendré que molestarme por el pasado ni preocuparme por el futuro.
Tú, que eres persona, si quieres vivir tranquilo y tan feliz como yo, no trates de vivir toda tu vida, ni echarte todo el peso de tu trabajo en un solo día. ¡Vive ahora!
Haz el trabajo de cada día en su día. Te convencerás de que si se toma tiempo, siempre hay tiempo para todo.
Hay un modo difícil de hacer el trabajo que tiene que hacerse.
Si quieres encontrar el modo fácil... ¡mírame a mí! Nunca me preocupo, nunca me apresuro... ¡pero nunca me retraso! Lo que tengo que hacer... ¡lo hago!... ¡Ese es el secreto!
(Autor desconocido)

lunes, 23 de noviembre de 2009

Lo que tú hagas puede que lo hagan tus hijos

Un granjero se puso tan viejo que no podía trabajar ya más en los campos. Así que se pasaba el día solo sentado en el porche. Su hijo, aún trabajando en la granja, miraba arriba de vez en cuando y veía a su padre sentado allá. "No es de ningún uso ya más", el hijo pensaba para sí, "¡no hace nada!"
Un día el hijo se puso tan frustrado por esto, que construyó un ataúd de madera, lo arrastró hasta el porche, y le dijo a su padre que se metiera adentro. Sin decir nada, el padre se encaramó y entró. Después de cerrar la tapa, el hijo arrastró al ataúd hasta el borde de la granja en donde había un alto risco. Cuando se acercaba a la caída, escuchó un ligero golpeteo en la tapa desde adentro del ataúd. Lo abrió. Aún yaciendo allí pacíficamente, el padre miró a su hijo. "Sé que me vas a lanzar al peñasco, pero antes de que lo hagas, puedo sugerirte algo?" "¿Qué es?", replicó el hijo. "Lánzame sobre el peñasco, si lo quieres," dijo el padre, "pero salva este ataúd de buena madera. Tus hijos podrían necesitar usarlo."


Una Historia Zen, Anónimo.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Aunque sea en soledad…

Había un incendio en un gran bosque de bambú; el incendio formaba llamaradas impresionantes, de una altura extraordinaria. Una pequeña ave, muy pequeñita fue al río, mojó sus alas y regresó sobre el gran incendio, y las empezó a agitar para apagarlo; y volvía a regresar y volvía a ir una y otra vez; y los sabios que la observaban, sorprendidos la mandaron a llamar y le dijeron:
- Oye, ¿por qué estás haciendo eso? ¿Cómo es posible? ¿Cómo crees que con esas gotitas de agua puedas tú apagar un incendio de tales dimensiones? Date cuenta: No lo vas a lograr.
El ave humildemente contestó:
- ¡El bosque me ha dado tanto, le amo tanto, yo nací en él! Este bosque me ha enseñado la naturaleza, este bosque me ha dado todo mi ser, este bosque es mi origen y mi hogar y me voy a morir lanzando gotitas de amor, aunque no lo pueda apagar.
Los sabios entendieron lo que hacía la pequeña ave y le ayudaron a apagar el incendio.
(Anónimo)

sábado, 21 de noviembre de 2009

Con uno más la situación cambia

Un colibrí en una rama
¿Cuánto pesa un copo de nieve?... preguntaba un colibrí a una paloma.
La paloma respondió: nada, y el colibrí le contó:
Me posé en una rama de pino, cerca de su tronco. Empezaba a nevar. Como no tenía nada que hacer empecé a contar los copos mientras caían sobre las ramas de mi tronco. El número exacto fue 3.741.952. cuando cayó el siguiente copo (sin peso, como dices) la rama se rompió.
Dicho esto, el colibrí levantó el vuelo.

(Anónimo)

viernes, 20 de noviembre de 2009

La búsqueda de la felicidad

El árbol de la felicidad
Cuentan que hace muchos años un peregrino, tras caminar durante infinitas jornadas bajo el implacable sol de la India, deseó en su corazón poder descansar a la sombra de un árbol que le diera cobijo. De pronto, divisó a lo lejos un frondoso árbol, solitario en medio de la planicie. Cubierto de sudor y tambaleándose sobre sus fatigados pies, se encaminó alegremente hacia su deseo hecho realidad. «Al fin podré descansar», pensó, mientras se abría paso entre las tupidas ramas, que llegaban hasta el suelo.
¿Qué más podía pedir? Tendiéndose sobre la tierra en su refugio vegetal, trató de conciliar el sueño, pero el suelo estaba duro. Cuanto más trataba de ignorar su incomodidad, más le costaba conciliar el sueño. «Si al menos tuviera una cama...», pensó.
Al momento surgió una imponente cama, con impolutas sábanas de seda, digna de un sultán. Brocados, lujosos tejidos de Samarkanda y las más suaves pieles cubrían el lecho. Y es que, sin saberlo, el peregrino había ido a sentarse bajo el mítico árbol de los deseos: aquel árbol milagroso era capaz de convertir en realidad cualquier deseo expresado bajo sus ramas.
El hombre se acostó en el mullido lecho relajándose. «¡Me siento tan a gusto!», dijo para sí. «Es una pena que tenga tanta hambre». Súbitamente, ante él apareció una espléndida mesa cubierta con los más sabrosos manjares: ricos y variados platos exquisitamente preparados y servidos en la más lujosa de las vajillas. Sobre las más finas telas imbricadas de hilos preciosos se mezclaban oro, plata y finísimo cristal con las más exóticas frutas y sabrosos postres. Todas estas maravillas tomaron forma ante sus asombrados ojos. Todo aquello con lo que siempre había soñado en las solitarias noches de su largo peregrinar estaba ahora ante él. Y cuanto más comía, más comida aparecía: cada nuevo manjar era aún más sabroso y exquisito que el anterior.
Finalmente se dijo: «Ya no puedo más»... y en ese mismo momento la mesa y todas sus maravillas se desvanecieron en el aire. Al peregrino le embargaba un sentimiento de profunda felicidad. «No me moveré de aquí y seré por siempre feliz», pensó. Pero, de pronto, una idea terrible surcó su mente: «Claro que esta planicie es famosa por sus feroces tigres. ¿Qué sucedería si un tigre me descubriese? Sería terrible morir justo después de haber encontrado el árbol de la felicidad».
Fue una fracción de segundo, pero bastó. Cumpliendo su deseo, en aquel momento surgió de la nada un terrible tigre que devoró al temeroso peregrino.
Y así el árbol de la felicidad se quedó solo de nuevo, esperando la llegada de un ser humano de corazón completamente puro, que no anteponga el miedo ni la desconfianza a la búsqueda de su felicidad y la de los demás.
(Anónimo)

jueves, 19 de noviembre de 2009

La mejor familia

La mejor familia del mundo
Carlota espera ansiosa, en el orfanato, que la venga a buscar su nueva familia adoptiva. Durante toda la noche imagina cómo serán: ¿pasteleros?, ¿piratas?, ¿domadores de tigres?, ¿astronautas? Cuando lleguen Los Pérez, Carlota descubrirá que son todo eso y mucho más.
Una bonita mañana de mayo, Carlota estaba jugando en el jardín del orfanato cuando la directora la llamó a su despacho.
Te ha adoptado una familia, Carlota. Vendrán a por ti mañana dijo.
Por supuesto, los otros niños no tardaron en enterarse de la buena nueva.
¡Qué suerte!
¡Qué envidia!
¡Felicidades, Carlota!
¿Cómo crees que será tu nueva familia?
Carlota cruzó los dedos y pidió un deseo: "Espero que sea la mejor familia del mundo." Esa noche, Carlota no podía dormir de los nervios y pensó en cómo sería la familia perfecta. Imaginó que la adoptaba… ¡una familia de pasteleros!
Si la adoptaba una familia de pasteleros, viviría en una pastelería. Podría pasar el día entre tartas, torteles, bollos y bombones. Escribir mensajes de azúcar en las tartas y sorber el merengue de los pasteles de merengue. Tendría palmeras de chocolate para desayunar, comer, merendar y cenar. Sin duda, ¡una familia de pasteleros sería la mejor familia del mundo!
Aunque pensándolo mejor… Como seguía sin poder dormir, Carlota volvió a pensar en cómo sería la familia perfecta. Imaginó que la adoptaba… ¡una familia de piratas!
Si la adoptaba una familia de piratas, viviría en un barco pirata. Podría navegar por los siete mares. Pintar banderas de calaveras y huesos y buscar tesoros de doblones de oro. Luciría un mono en el hombro derecho, un loro en el izquierdo, un parche en el ojo y una pata de palo. Sin duda, ¡una familia de piratas sería la mejor familia del mundo!
Aunque pensándolo mejor… Como aún no podía dormir, Carlota volvió a pensar en cómo sería la familia perfecta. Imaginó que la adoptaba… ¡una familia de domadores de tigres!
Si la adoptaba una familia de domadores, viviría en un circo. Podría pasar el día jugando con los tigres. Rizar los bigotes de los cachorros y contar las rayas de su pelaje. Llevaría un tigre de bengala al colegio para ser la más popular del recreo. Sin duda, ¡una familia de domadores sería la mejor familia del mundo!
Aunque pensándolo mejor… Como todavía no conciliaba el sueño, Carlota volvió a pensar en cómo sería la familia perfecta. Imaginó que la adoptaba… ¡una familia de astronautas!
Si la adoptaba una familia de astronautas, viviría en una nave espacial. Podría visitar todos los planetas. Beber batidos en la Vía Láctea y bailar el hula hop con el anillo de Saturno. Contaría estrellas para dormirse por las noches. Sin duda, ¡una familia de astronautas sería la mejor familia del mundo!
Aunque pensándolo mejor… Con sorpresa, Carlota miró la ventana y descubrió que ya se había hecho de día. ¡Había pasado la noche entera sin dormir y su nueva familia ya había llegado a buscarla!
Los Pérez.
Leonor, la nueva madre de Carlota, es funcionaria de correos. No es pastelera pero, todas las tardes al volver del cole, nunca se olvida de comprarle a Carlota una enorme palmera de chocolate para merendar.
Roberto, el nuevo padre de Carlota, es agente de seguros. No es un pirata, pero le encanta jugar con Carlota a buscar tesoros escondidos en el descampado del barrio.
Elvira, la nueva abuela de Carlota, está jubilada. No es domadora de tigres, pero tiene dos gatos, Bigotes y Bruno, que se pasan el día dormitando en su regazo y les encantan las sardinas.
Pedro, el nuevo hermano de Carlota, estudia en el mismo colegio que ella. No es astronauta, pero ha decorado el techo del dormitorio con estrellas que brillan en la oscuridad para que él y Carlota puedan contarlas por la noche antes de dormir.
Y así, bajo el cielo estrellado de su habitación, Carlota Pérez por fin pudo dormir y no tuvo que imaginar más.
Había conseguido la mejor familia del mundo.
(Anónimo)

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Aprendizaje

LA RED
Un día dos hermanos fueron a pasear a un barrio de pescadores para ver un marinero que conocían. Lo encontraron sentado a la puerta de la cabaña, de bruces al mar, arreglando una red de pescar.
- Buenos días - les dijo el pescador -¿Como estáis?
- Muy bien, gracias - respondieron los pequeños -.
- ¿Y que buen viento os trae por aquí?
- Es que nos gustaría de llevar una barca, y como vos tenéis una, hemos pensado que quizás nos querríais enseñar, es lo que nos gusta más de todo.
- No diré que no - contestó el pescador -. Ahora tengo este trabajo entre manos, pero quizás sí que después os enseñare, primero el uno y después el otro, si es que tenéis ganas de aprender. Mirad, ahora me he de ir un momento; vosotros podéis continuar arreglando esta red que es necesario acabar; anudáis todos los hilos rotos. Y les enseñó como se hacían los nudos de la malla. Cuando ya estaba lejos, el hermano mayor empezó a mirar fuera.
- ¡Que bien que se ve el mar! - dijo -. Las olas van y vienen hasta la playa; casi hasta la puerta de la casa; parecen caballos cubiertos de espuma que salten adelante y atrás. Ven a verlo.
- No puedo, ahora - dijo el pequeño -.Estoy haciendo un nudo.
- ¡Mira! - gritó el mayor -. Ahora veo la barca. Danza encima las olas como una dama en un salón. Nunca había visto una cosa más bonita. ¡Ven a verlo, hombre!
- No puedo ahora - contestó el pequeño -. Estoy haciendo otro nudo.
- Que me gustaría de llevar la barca! - continuó el mayor -. Estoy cierto que el pescador me cogerá primero a mí porqué soy el mayor y sé más que tú. Ni siquiera he mirado cuando quería enseñarme de hacer los nudos porque ya sabía. En aquel momento llegó el pescador.
- Ya estoy listo. ¿Qué habéis hecho mientras yo estaba fuera?
- Yo he mirado la barca - dijo el más mayor -. ¡Qué bonita es! Me parece que ya me encuentro dentro.
- Yo he ido tirando nudos - dijo el pequeño -.
- Ale, pues, vamos - contesto el pescador cogiéndolo por la mano -; subiremos a la barca y te enseñaré a llevarla.
- ¡Pero si yo soy el mayor! - gritó el otro -. Y sé mucho más que no él.
- Quizás sí - respondió el pescador -; pero es necesario saber hacer nudos antes de aprender a llevar una barca.
- Ya he aprendido ha hacer nudos - exclamó el chico mayor -. Y sé hacerlos a las mil maravillas.
- ¿Ah sí? ¿Pero como puedo saberlo yo? - exclamó el pescador.
Y el pescador y el pequeño marcharon juntos con la barca, mar adentro.
(Anónimo)

lunes, 16 de noviembre de 2009

Los sueños

En el lugar más hermoso del universo vivía hace ya tiempo un niño llamado Sueño, que anhelaba crecer y conocer otros mundos. Mientras tanto, se entretenía por allá arriba, por las nubes, jugando y jugando sin parar.
Un día, Sueño se dio cuenta de que él no crecía como crecían sus amigos. Empezó entonces a sentirse muy débil y, poco a poco, perdió sus ganas de jugar.
De pronto, llegó un mensajero que llevaba consigo un maletín muy especial, el cual contenía alimentos para fortalecer y hacer crecer a Sueño. Desde el mismo instante en que aquel mensajero llegó, Sueño empezó a sentirse mejor y mejor, ya que cada día aquel misterioso mensajero lo alimentaba con manjares. Muchos caldos de constancia con fuerza, platos muy nutritivos de voluntad y trabajo, postres hechos a base de paciencia, fantásticos zumos hechos con decisión y, lo más importante, mucha, mucha esperanza.
Sueño creció y creció, y llegó a dejar de ser Sueño para convertirse en Meta. Y claro que siguió jugando, pero ya no por las nubes, sino aquí en la tierra, conociendo cada vez más mundos, como el de la felicidad y el de la satisfacción. Y un buen día Meta dejó de ser Meta y se transformó en Realidad.
(Anónimo)

domingo, 15 de noviembre de 2009

Las maravillas del mundo y lo olvidamos

¿Cuáles son las siete maravillas del mundo?
Un grupo de estudiantes de Geografía, estudiaban las siete maravillas del mundo. Al terminó de la clase, se le pidió hacer una lista de la que ellos consideraban deberían ser actualmente las 7 maravillas del Mundo.
A pesar de algunos desacuerdos, la mayoría votó por lo siguiente: Las pirámides de Egipto, El Taj Mahal, El Gran Cañón, El canal de Panamá, El Empire State, La Basílica de San Pedro y La Muralla China.
Mientras se hacía la votación el maestro notó que una estudiante permanecía callada y no había entregado aun su lista. Así que le preguntó si tenía problema para terminar de hacer su elección. La muchacha tímidamente respondió:
-Si, un poco. No podía decidirme pues son tantas las maravillas.
-Bueno, dinos lo que has escrito y tal vez podamos discutirlo.
La muchacha titubeó y después leyó: Creo que las siete maravillas de mundo son: Poder tocar, Poder saborear, Poder ver, Poder escuchar. Titubeando un poco continuó: Poder sentir, Poder reír, y...Poder amar.
Al terminar de leerlas el salón de clase quedó en un silencio absoluto. Son tantas las maravillosas que tenemos y no las valoramos.
(Anónimo)

sábado, 14 de noviembre de 2009

Los seres vivos evolucionamos

FÓSILES VIVIENTES
Un reducido grupo de tortugas vivía enclaustrado en un pequeño cercado, rodeado de un hermoso jardín pletórico de vida y color, con un suelo polvoriento y reseco como habitáculo.
Sus pesadas conchas eran su gloria y su cruz: les servían de eficaz defensa a la vez que las cerraban a toda evolución. Miraban las cosas y la vida con ojos apagados y paleontológicos desde la noche de tiempos remotos. Sin embargo, vivían contentas con su suerte y se arrastraban lentamente sobre sus sólidas patas con el orgullo de quienes se saben depositarios de la verdad.
Cierto día un grupo de jóvenes pasó por el lugar. Al contemplar su forma de vestir y comportarse, la más vieja comentó moviendo su flácida papada:
-¡Hay que ver cómo está el mundo! Todo cambia tan rápidamente…
-Afortunadamente –añadió otra que tenía estudios- nosotras no hemos evolucionado prácticamente desde el Terciario. Permanecemos fieles a lo que siempre fuimos.
-Tienes razón –dijo una tercera- pero me pregunto si no seremos más que un recuerdo del ayer que no despierta ningún interés al hombre de hoy.
Permanecer anclado en el pasado puede ser tentador pero nos transforma en muertos vivientes. Solo los seres vivos cambian, evolucionan, se adaptan como nos enseña la biología.
(A. González Paz)

viernes, 13 de noviembre de 2009

No rendirse

EL BARRENDERO Y EL DIAMANTE.
Un día, un barrendero de Alejandría encontró, mientras limpiaba una acera, una magnífica piedra preciosa. Pensó maravillado:
-Será un diamante? Iré a ver al joyero para que la examine.
Se dirigió al punto a ver al experto. Éste le dijo:
-Es, efectivamente, un diamante. El problema es que aquí nadie podrá decirte su valor. Para saberlo, tendrías que ir a Inglaterra.
-A Inglaterra! -respondió el barrendero atónito-. Pero cómo puedo ir yo allí?
-Espabílate!
El hombre vendió todo cuanto tenía, fue a ver a un pirata que poseía una nave y le dijo:
-No tengo más que este diamante... Y es preciso que vaya a Inglaterra para que me lo valoren. Te pagaré una vez allí, cuando lo haya vendido.
El pirata aceptó. Ordenó a la tripulación que le dieran el mejor camarote y rodeó de respeto a su nuevo viajero, pues se trataba de un hombre rico.
El viaje se desarrolló tranquilamente. Pero, un buen día, tras haber comido, el barrendero se durmió en la mesa, con el diamante puesto cerca de él.
Durante su sueño, vino un miembro de la tripulación a limpiar el camarote. Cogió el mantel sin prestar atención y lo sacudió por encima de la borda...y el diamante desapareció junto con las migajas en el océano...
Al despertar, el árabe se sintió morir. Se dio cuenta de que se hallaba en una situación extremadamente precaria, ya que no tenía nada con que pagar su viaje. Sabía lo que le esperaba. Se dijo:
-Si me dejo vencer por el desánimo, mi muerte es segura!... Trataré de poner buena cara al mal tiempo y esperaré a ver qué pasa.
Y esto es lo que hizo. Abandonó el camarote como si nada ocurriera y fingió una serenidad absoluta. El viaje prosiguió sin más problemas. Aunque no le llegaba la camisa al cuerpo, nuestro hombre no dejó traslucir nada y el pirata se siguió mostrando tan respetuoso como antes con él. Un buen día, este último le dijo:
-Tengo una cosa importante que preguntarle. Es usted un hombre poderoso. Siento por usted una gran admiración. Sabe que la nave va cargada de trigo. El problema es que, al llegar a Inglaterra, las autoridades no querrán confiar en mí. Puede que me pidan que pague unas tasas exorbitantes... O tal vez me digan que esta carga la he robado... No sé qué problemas me van a crear, pero, a fin de evitarlos, me permitiría usted poner este cargamento a su nombre. El barrendero aceptó sin discusión. El pirata añadió:
-En Inglaterra, ya lo arreglaremos. Le daré una comisión.
El pirata le hizo firmar distintos papeles que hicieron al árabe propietario de toda la carga.
Una vez en Inglaterra, el pirata vendió su cargamento a muy buen precio. Se vio en posesión de una gran fortuna, pero fulminado por un repentino ataque cardiaco murió justo después. El producto de la venta fue a parar entonces a nuestro barrendero que finalmente se salió con la suya y se hizo rico.
(Anónimo)