Un mundo de ILUSIONES

Este lugar es habitado por las niñas y los niños perdidos liderados por el héroe o quizás heroína, Peter Pan. La población de dicho país agrupa también a temibles piratas como el Capitán Garfio y salvajes indios. Otros tipos de seres como el hada, Campanilla y el Cocodrilo que se llevó la mano del Capitán Garfio habitan este lugar donde el tiempo no avanza y las aventuras predominan por cualquier rincón. De acuerdo con la leyenda, si alguien desea llegar a este lugar deberá de girar la segunda estrella a la derecha, volando hasta el amanecer.

lunes, 10 de mayo de 2010

Pobre cuervo...

EL PÁJARO MARAVILLOSO

Dicen que dicen que tiempo atrás en el bosque que bordea las montañas del norte había un maravilloso pájaro inteligentísimo y despierto que incluso sabía hablar.
Emperadores, ministros y potentados de muchos países habían enviado gente para atraparlo y algunos incluso fueron ellos mismos, pero nadie pudo conseguirlo. Sin embargo, el pájaro no se movía nunca de la rama de un pino milenario, siempre trinando y trinando.
Cuentan que aquellos que tanto iban y venían en busca del pájaro terminaron por dejar un camino en la montaña.
He aquí que la historia del maravilloso pájaro llegó luego a oídos del rey Yiertegeer, del este, quien pensó: “¡Qué pájaro tan terrible! Dicen que nadie ha conseguido atraparlo. Pero de todos modos yo lo lograré!” Y dicho esto se dispuso a partir.

El rey llegó hasta el bosque de que hablábamos, hasta que se detuvo bajo las frondosas ramas de aquel pino milenario. Pero el ave no se asustó ni escapó sino que se dejó atrapar. El rey quedó loco de alegría. Cuando iban en camino de regreso, el pájaro le habló: “¡Respetado rey! Me ha atrapado sin ningún esfuerzo. No obstante, en el camino de regreso no debe exhalar grandes suspiros, ni quedarse en silencio y cabizbajo; de lo contrario me escaparé en un abrir y cerrar de ojos. Por lo tanto, sea como sea, en la marcha siempre tiene que ir hablando alguno de los dos.”
- Está bien – le contestó el rey –, entonces cuenta tú alguna cosa.
- Bueno, le contaré al rey una historia – repuso el pájaro –. Cuentan que había un lugar donde vivía un buen cazador con un buen perro. En cierta ocasión el cazador salió de excursión con su perro y de pronto se encontró una carreta repleta de riquezas en pleno valle. La carreta estaba rota y detenida en ese lugar y su dueño se hallaba sentado mostrando su preocupación. Los hombres intercambiaron algunas palabras formales y se sentaron juntos a fumar un cigarrillo. El de la carreta dijo:
- Hermano cazador, yo quiero ir hasta la aldea que queda más adelante para conseguir alguien que arregle la carreta. Te pido por favor que te quedes aquí con tu perro a cuidarme la carreta.
- Bien – aceptó el cazador y el otro hombre muy contento atravesó la montaña.
El cazador esperó hasta la tardecita y como el dueño de la carreta no volvía pensó: “Mi vieja madre está mal de la vista. Es posible que desde la mañana no haya probado bocado”. Le habló a su perro:
- Quédate aquí cuidando hasta que regrese el dueño de la carreta. No dejes que se roben nada. Yo regreso a hacerle la comida a mi mamá –. Y se marchó.
El perro, fiel al mandato de su amo, se ocupó de cuidar que el buey que tiraba de la carreta no se apartara del sitio y al igual que un sereno, estuvo todo el tiempo dando vueltas de aquí para allá alrededor del vehículo.
El propietario de la carreta pasó por muchas aldeas hasta que por fin hacia la medianoche encontró quien la reparara. Cuando volvió, se dio cuenta que el cazador no estaba mientras que el perro se había quedado a cuidar fielmente la carreta. El hombre se dijo que aquél era en verdad un animal muy bueno y lo premió con algunas piezas de plata, ordenándole que se fuera. En ese momento el cazador estaba justamente en la puerta de su casa esperando el regreso de su mejor amigo. Nada más ver a su amo dejó en el suelo la plata que traía en el hocico. El cazador se enfureció, rezongándole: “Te he dicho que cuidaras bien de que no robaran nada y tú sales robando piezas de plata”. Y terminó matando a palos al buen can.
- ¡Ay! ¡Qué descuido tan grande! ¡Matar por error a un perro tan bueno! – exclamó el rey.
- Ha suspirado – dijo el pájaro, y en un abrir y cerrar de ojos se le voló de las manos.
El monarca se reprochaba a sí mismo: ¿Cómo pude olvidarme de que no tenía que suspirar? Entonces desanduvo el camino y atrapó por segunda vez al pájaro en la rama del vetusto pino. El ave comenzó a hablar:
- Bueno, ahora te relataré otra historia. Se cuenta que había un lugar donde una mujer tenía un buen gato. Un día, la mujer tenía que ir a traer agua del pozo y le dijo al felino: “Cuida bien al bebé que está en la cuna”. Después de que la mujer salió el gato se tiró al lado de la cuna espantando las moscas y los mosquitos. De repente, desde la puerta apareció un ratón grande con toda la intención de morderle la oreja al niño. Muy enfadado, el gato se dispuso a atrapar el ratón. Pero en ese mismo momento otro tan grande llegó a todo correr y de un mordisco se llevó la oreja del bebé, quien comenzó a llorar del dolor.

El gato, que estaba persiguiendo al primer ratón, se pegó el gran susto y volvió corriendo al cuarto, mató al roedor en la puerta, llegó hasta la cuna y se puso a lamer la oreja del niño que manaba sangre. Cuando llegó de vuelta la mujer y vio aquello no pudo contener su indignación. “Te mandé que cuidaras al niño pero tú, malvado, le has comido la oreja”. Hablando así, dio al gato una golpiza que lo dejó muerto. Pero tan pronto dio vuelta la cabeza notó que había un ratón muerto atrás de la puerta, con la oreja del niño entre los dientes. Al darse cuenta de su error comenzó a llorar.
- ¡Ay! ¡Pobrecito! – volvió a exclamar el rey y no más hacerlo el pájaro ¡zás! se le voló de las manos.
El rey desanduvo por tercera vez el camino, llegó hasta el pájaro y lo volvió a atrapar en el mismo lugar de siempre. Luego emprendió el escabroso camino de regreso a través de la montaña. En la marcha el pájaro le volvió a contar un cuento. – Hubo una vez un año de grandes sequías – comenzó el ave astuta – y un hombre llamado Aerbai abandonó la zona afectada por la hambruna. El sol apretaba recio en el camino y el pobre tenía la garganta tan seca que ya no podía caminar, por lo cual se sentó bajo una alta roca a esperar la muerte. De súbito escuchó un “glu, glu, glu,” o sea el ruido de agua goteando: descubrió así que el líquido bajaba de lo alto de la gran roca. Sin caber en sí de alegría Aerbai sacó inmediatamente su tazón de madera para recibir el precioso líquido. Cuando logró no sin dificultades llenar el tazón y ya se lo estaba llevando a los labios, apareció de pronto un cuervo que con sus alas le volcó el recipiente. ¡Este maldito pajarraco me ha derramado el agua que Dios misericordioso me ha obsequiado gota a gota! – exclamó furioso, y recogiendo una piedra persiguió al cuervo hasta que lo mató. Nada más llegar hasta el lugar donde había ultimado al cuervo descubrió que un poco más adelante salía agua de la grieta de una roca. Una vez más se puso muy contento, bebiendo hasta hartarse. Pero cuando volvió a donde había estado sentado y recogió su paquete, levantó la cabeza y descubrió una gran serpiente que dormía encima de la roca, en tanto de su boca manaba un líquido. ¡Ay! Quiere decir que el “agua” que yo había juntado era el veneno de esta serpiente y el cuervo me salvó la vida – pensó el hombre con lágrimas de arrepentimiento.
- ¡Ay! – exclamó el rey - ¡Pobre cuervo! ¡Sacrificó su vida para salvar a otro!
- ¡Otra vez ha fracasado! – gritó el pájaro y volvió a echar vuelo.
- Se acabó, realmente no hay manera de atrapar a este pájaro – pensó el rey y regresó a su palacio.
(Cuento de la nacionalidad mongola)

jueves, 15 de abril de 2010

El miedo está dentro de nosotr@

El Ratón Preocupado

Cuenta una antigua fábula india que había un ratón que estaba siempre angustiado porque tenía miedo del gato. Un mago se compadeció de él y lo convirtió... en un gato.

Pero entonces empezó a sentir miedo del perro. De modo que el mago lo convirtió en perro. Luego empezó a sentir miedo de la pantera, y el mago lo convirtió en pantera. Con lo cual comenzó a temer al cazador.

Llegado a este punto el mago se dio por vencido y volvió a convertirlo en ratón, diciéndole: "Nada de lo que haga por ti va a servirte de ayuda, porque siempre tendrás el corazón de un ratón."
Anthony de Mello

miércoles, 14 de abril de 2010

Empatía

Los ancianos desterrados
Había una vez un rey muy cruel que decidió desterrar a todos los ancianos de su reino y enviarlos a vivir a un país remoto. Así lo informó a sus soldados.
—Llévenlos lejos de aquí. No sirven para nada. Sólo comen y duermen, pero no trabajan —les ordenó y los amenazó con castigarlos si no obedecían.
Todos siguieron sus instrucciones, excepto uno de ellos, llamado Janos, que amaba mucho a su padre. De modo que le acondicionó una habitación secreta en su casa y allí lo mantenía oculto con todos los cuidados necesarios.
Pasaron los meses y una gran sequía cayó sobre el reino. Los ríos y los lagos perdieron sus aguas, los árboles quedaron sin fruto y los graneros se vaciaron en cuestión de días. Preocupado por el riesgo de la hambruna, el rey llamó a los soldados.
—Les ordeno que encuentren trigo para alimentar al pueblo. De lo contrario los encerraré a todos en un calabozo.
Los soldados salieron, muy tristes, pues en realidad no había forma de cumplir ese mandato. Janos llegó cabizbajo a su casa y fue a la habitación donde su padre permanecía oculto.
—¿Qué te pasa, hijo? —preguntó el anciano. Janos explicó en detalle la grave situación en que se hallaba.

—No te preocupes, tengo una solución para ti —lo tranquilizó su padre. —Cuando trabajaba como labrador, hace muchos años, me llamaba la atención observar a las hormigas que llevaban cientos de granos de trigo a sus hormigueros. Diles a tus compañeros que abran todos los que encuentren en el campo y estarán llenos.
Sin revelar dónde había obtenido esa idea Janos fue con los demás soldados en busca de los hormigueros. A todos les alegró mucho encontrar grandes depósitos de trigo y llenar varios costales. Al día siguiente los presentaron al rey. Éste se sorprendió al oír la ingeniosa manera en que los habían conseguido.
—¿Cómo se les ocurrió? —les preguntó.
—Fue idea de Janos —comentaron.
—Explícame tú, entonces —ordenó el rey.
—Majestad, temo hacerlo pues sé que me castigará.
—Dime, y no te pasará nada malo —prometió el rey, cada vez con más curiosidad.
Janos le contó que su padre anciano, a quien mantenía oculto en su casa, le había dado el consejo.
El rey quedó en silencio por un largo rato y luego tomó la palabra.
—Ahora me doy cuenta que fui muy torpe al desterrar a los ancianos de este reino —reconoció. —Los conocimientos que han acumulado en su vida son una valiosa fuente de sabiduría.
De inmediato, ordenó que los ancianos desterrados regresaran a la ciudad y así ocurrió. Cuando pasó la sequía todos los habitantes recordaron que uno de ellos los había salvado de morir de hambre.

—Adaptación de un cuento tradicional búlgaro.

lunes, 12 de abril de 2010

Conservar el camino

Cómo Se Escribió el Libro Tao Te King
¿Cómo se escribió uno de los libros más importantes del mundo? En el año vigésimo tercero del reinado de Zhao, Lao Tse percibió que la guerra terminaría por destruir el lugar donde vivía. Como había pasado años meditando sobre la naturaleza de la vida, sabía que en ciertos momentos es preciso ser práctico. Decidió, entonces, tomar la decisión más simple: mudarse.

Tomó sus pocas pertenencias, y partió en dirección a Han Keou; en la puerta de salida de la ciudad, encontró un guardia.

— ¿Adónde va tan importante sabio? —preguntó el guardia —.
— Lejos de la guerra.
— No puede irse así. Me gustaría mucho saber qué fue lo que aprendió en tantos años de meditación. Sólo lo dejaré partir si comparte conmigo lo que sabe.

Nada más que para librarse del guardia, Lao Tse escribió ahí mismo un pequeño librito, cuya única copia le entregó. Después, continuó su viaje, y nunca más se oyó hablar de él.

El texto de Lao Tse fue copiado y recopiado, atravesó siglos, atravesó milenios, y llegó hasta nuestro tiempo. Se llama Tao Te King, está publicado en portugués por varias editoriales, y es una lectura obligada. Aquí va una de sus páginas:

Aquel que conoce a los otros es un sabio,
Aquel que se conoce a sí mismo es un iluminado,
Aquel que vence a los otros es fuerte,
Aquel que se vence a sí mismo es poderoso,
Aquel que conoce la alegría es rico,
Aquel que conserva su camino tiene voluntad.

Sé humilde, y permanecerás íntegro,
Inclínate, y permanecerás erguido,
Vacíate, y permanecerás repleto,
Gástate, y permanecerás nuevo.

El sabio no se exhibe, y por eso brilla,
No se hace notar, y por eso es notado,
No se elogia, y por eso tiene mérito,
Y porque no está compitiendo, nadie en el mundo
puede competir con él.

Autor Desconocido

sábado, 10 de abril de 2010

La libertad

El autobús y el ferrocarril

En la plaza de la estación del ferrocarril, un autobús esperaba a los viajeros que debían llegar en el tren de las 9 de la mañana. Este llego con toda puntualidad y, durante los minutos en los que el tren aguardaba a que le dieran la salida y el autobús iba recibiendo a los pasajeros y sus equipajes, ambos entablaron esta conversación:

-Querido autobús, tu haces lo que te viene en gana; puedes circular con plena libertad; vas por donde te apetece; se te antoja girar a la izquierda o a la derecha , nadie ni nada te lo impide; tu eres libre de verdad . ¡Que suerte tienes! Yo, en cambio, siempre estoy sujeto a estas vías de hierro; ¡Que desgracia la mía si intentara salirme de estos rieles que marcan inexorablemente mi camino!

-¡Cuanta razón tienes, viejo amigo ferrocarril! Yo puedo escoger mi ruta y cambiarla cuantas veces lo desee; puedo descubrir lugares nuevos, horizontes insospechados; incluso, si me apetece, me detengo en una pradera verde y descanso un ratito mientras mis ocupantes toman su almuerzo. Es cierto, pero no todo es tan bonito.
¿ Tú sabes la cantidad de peligros a los que estoy expuesto a cada instante?

Debo andar de ojo avizor en cada paso que doy; los otros vehículos me asaltan por todos lados. ¡Ay de mí, si me disgusto un segundo! ¿Y si me salgo de la carretera? ¿ Y si me arrimo demasiado a la cuneta? ¿Y si me deslumbra el automóvil de enfrente? La catástrofe puede ser monumental.

-Es verdad, no se me había ocurrido. Mi sumisión a la vía reduce mi libertad, pero aumenta mi seguridad. Puedo circular kilómetros y kilómetros con los ojos cerrados y puedo alcanzar velocidades de en sueño...siempre que no me salga de mis pulidos rieles. No soy dueño de mi dirección: mi itinerario me lo marcan los demás; y los cambios de agujas me solucionan las encrucijadas que me podrían hacer dudar.

-Si, viejo tren. Nos ocurre cono a las personas ¿sabes? A mas libertad, mas riesgos, mayores peligros, mas responsabilidad ante las decisiones. Es muy bello ser libre, pero también es muy difícil. El precio que hay que pagar por la libertad es altísimo, pero vale al pena.

El dialogo quedo interrumpido por el silbido del jefe de estación que daba la salida al expreso Madrid – Barcelona. Al mismo tiempo alguien, dentro del taxi preguntaba en voz alta:

-¿ Por donde vamos a pasar?

—Cuento popular.

viernes, 9 de abril de 2010

La escalera del deseo.

Era una noche tranquila, pero el corazón de una persona estaba muy inquieto. Tenía una meta en su corazón, pero su mente estaba tan confundida que no sabía por dónde empezar ni cómo hacer para cumplir su meta. Esa noche, luego de dar muchas vueltas en la cama, se durmió. En el transcurso de la noche tuvo un sueño:

El se encontraba en una hermosa pradera con árboles y un hermoso paisaje de montañas. Mientras miraba este hermoso paisaje, notó algo que le llamó mucho la atención: un gran grupo de personas que se dirigían hacia el mismo lugar. Avanzó unos pasos para ver hacia dónde iban y logró ver a la distancia una escalera que tenía su base en la tierra mas no se veía su final. Picado por la curiosidad se dirigió con el resto de la gente hacia el lugar. En la base de la escalera había dos columnas que sostenían un cartel que decía: bienvenidos a la escalera del deseo, en donde sus deseos serán cumplidos. Leyó atentamente el cartel y se decidió pasar para empezar a subir la escalera.

Al llegar a la base de la escalera, arriba del primer peldaño había un cartel que decía: VOLUNTAD: solo pueden ingresar a la escalera las personas que tienen voluntad de empezar a cumplir su deseo. La mayoría de la gente subía el primer tramo de la escalera sin dificultad, aunque algunos no poseían suficiente voluntad y dejaron la escalera.

Luego de subir un buen tramo de la escalera apareció otro cartel que decía: DECISIÓN: solo las personas que pueden decidir clara y decididamente podrán continuar. Algunas personas con falta de decisión quedaron atrás. No se decidían y titubeaban para emprender algo que los ayude a cumplir su deseo.

Luego de subir varios escalones apareció otro cartel que decía: ESFUERZO: Solo pueden continuar las personas que están dispuestas a hace el esfuerzo necesario para continuar. Ahora era menor la cantidad de personas que pasaron este cartel, luego de varios escalones, más personas dejaron la escalera.

Luego de pasar los peldaños del esfuerzo apareció un cartel muy especial, este decía: PERSEVERANCIA: solo los perseverantes llegarán al final. Lo que más le sorprendió en esta parte del sueño era que todas las personas pasaron el cartel. Pero, el tramo parecía interminable, uno a uno fueron dejando la escalera hasta que quedaron unos poquitos.

Luego de un interminable trecho apareció otro cartel que decía PRUEBA: aquí tu voluntad, tus decisiones, tu esfuerzo y tu perseverancia serán probadas. ¡Que tramo tan difícil! Muchas personas se desanimaban y dejaban de subir por las escaleras. Gran parte de las personas que llegaron a este punto de la escalera dejaron al primer obstáculo que se les cruzó.

Al fin terminó el tramo de prueba y llegó a un cartel que decía META. Hacia los costados de la escalera se podía ver la pradera, las montañas y el cielo. Algunas personas al observar esto se tentaron con lo que les ofrecía esa hermosa vista y dejaron automáticamente la escalera. El resto de las personas que quedaron, pasaron el cartel de la meta. Luego de unos peldaños llegaron a una base plana. En el medio había como un altar y en medio de él, una llave. Luego del altar había una puerta que permanecía cerrada. En el altar había un letrero que decía: todo aquel que está dispuesto a cumplir su deseo, tome con su mano la llave y colóquela en la puerta.

Ansioso y motivado por la curiosidad acerca de lo que había detrás de la puerta, tomó la llave con su mano y la colocó en la puerta. Esta instantáneamente se abrió. Cuando miró hacia dentro despertó. La oscuridad de su habitación le rodeaba. Ahí supo qué debía hacer para cumplir su deseo: tener voluntad de emprender el camino para cumplirlo, saber tomar decisiones, poner todo el esfuerzo necesario para lograrlo, ser perseverante y no bajar los brazos.
(Anónimo)

miércoles, 7 de abril de 2010

Intentaré ser de la mejor manera posible

El Cuento de la Fresa
Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble.

Entonces encontró una planta, una Fresa, floreciendo y más fresca que nunca. El rey preguntó:
—¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?
—No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresas. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresa de la mejor manera que pueda."

Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mírate a vos mismo. No hay posibilidad de que seas otra persona. Podéis disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por vos, o podéis marchitarte en tu propia condena...
Jorge Bucay

martes, 6 de abril de 2010

Más allá de las apariencias

¿Cómo Sabes?
Hace muchos años, en una pobre aldea china vivía un labrador con su hijo. Su único bien material, aparte de la tierra y de la pequeña casa de paja, era un caballo que había heredado de su padre. Un buen día el caballo se escapó, dejando al hombre sin animal para labrar la tierra. Sus vecinos —que lo respetaban mucho por su honestidad y diligencia— acudieron a su casa para decirle cuánto lamentaban lo ocurrido. Él les agradeció la visita, pero preguntó:
—¿Cómo podéis saber que lo que ocurrió ha sido una desgracia en mi vida? Alguien comentó en voz baja con un amigo:
«Él no quiere aceptar la realidad, dejemos que piense lo que quiera, con tal que no se entristezca por lo ocurrido».
Y los vecinos se marcharon, fingiendo estar de acuerdo con lo que habían escuchado.

Una semana después, el caballo retornó al establo, pero no venía solo: traía una hermosa yegua como compañía. Al saber eso los habitantes de la aldea alborozados, porque sólo ahora entendían la respuesta que el hombre les había dado, retornaron a casa del labrador para felicitarlo por su suerte.
—Antes tenías sólo un caballo, y ahora tienes dos. ¡Felicitaciones!—dijeron.
—Muchas gracias por la visita y por vuestra solidaridad —respondió el labrador. ¿Pero cómo podéis saber que lo que ocurrió es una bendición en mi vida?
Desconcertados, y pensando que el hombre se estaba volviendo loco, los vecinos se marcharon, comentando por el camino:
«¿Será posible que este hombre no entienda que Dios le ha enviado un regalo?».

Pasado un mes, el hijo del labrador decidió domesticar la yegua. Pero el animal saltó de una manera inesperada, y el muchacho tuvo una mala caída rompiéndose una pierna. Los vecinos retornaron a la casa del labrador, llevando obsequios para el joven herido. El alcalde de la aldea, solemnemente, presentó sus condolencias al padre diciendo que todos estaban muy tristes por lo que había sucedido. El hombre agradeció la visita y el cariño de todos. Pero preguntó:
—¿Cómo podéis vosotros saber si lo ocurrido ha sido una desgracia en mi vida?
Esta frase dejó a todos estupefactos, pues nadie puede tener la menor duda de que un accidente con un hijo es una verdadera tragedia. Al salir de la casa del labrador, comentaban entre sí:
«Realmente se ha vuelto loco; su único hijo se puede quedar cojo para siempre y aún tiene dudas de que lo ocurrido es una desgracia».

Transcurrieron algunos meses y el Japón declaró la guerra a China. Los emisarios del emperador recorrieron todo el país en busca de jóvenes saludables para ser enviados al frente de batalla. Al llegar a la aldea, reclutaron a todos los jóvenes excepto al hijo del labrador que estaba con la pierna rota. Ninguno de los muchachos retornó vivo. El hijo se recuperó, los dos animales dieron crías que fueron vendidas y rindieron un buen dinero. El labrador pasó a visitar a sus vecinos para consolarlos y ayudarlos ya que se habían mostrado solidarios con él en todos los momentos. Siempre que alguno de ellos se quejaba el labrador decía:
—¿Cómo sabes si esto es una desgracia? Si alguien se alegraba mucho, él preguntaba:
—¿Cómo sabes si eso es una bendición?
Y los hombres de aquella aldea entendieron que, más allá de las apariencias, la vida tiene otros significados.

Autor Desconocido

lunes, 5 de abril de 2010

Las relaciones humanas

Curso Rápido de Relaciones Humanas"

Las seis ( 6 ) palabras más importantes en las Relaciones Humanas.
- Reconozco que YO cometí un error.


Las cinco ( 5 ) palabras más importantes en las Relaciones Humanas.
- Tú hiciste un buen trabajo.


Las cuatro ( 4 ) palabras más importantes en las Relaciones Humanas.
- ¿Cuál es tú opinión?


Las tres ( 3 ) palabras más importantes en las Relaciones Humanas.
- ¡Por favor!, podrías.....


Las dos ( 2 ) palabras más importantes en las Relaciones Humanas.
- ¡Muchas gracias!


La palabra MÁS importante en las Relaciones Humanas.
- Nosotros.


La palabra MENOS importante en las Relaciones Humanas.
- Yo.

(Desconozco al autor)

viernes, 26 de marzo de 2010

Siempre queremos más rebanadas

Un hombre era un buen cliente de aquel restaurante, por eso, cuando reclamó que no tenía más que una sola rebanada de pan en la canasta, el mesero se apresuró a colocar cuatro rebanadas de pan, a lo que el hombre contestó: “Esta bien, pero debe saber que a mi me gusta mucho el pan y tal vez cuatro rebanadas no sean suficientes”

Al día siguiente el mesero le colocó 6 rebanadas de pan en la canasta a lo que el hombre replicó: “Un poco mejor, pero le advierto que tal vez requiera más”

Al otro día el mesero colocó una docena de rebanadas de pan y la respuesta del hombre fue: “Está mejor, aunque todavía no alcanza mis expectativas”

El gerente de aquel lugar, al ver tal inconformidad, a modo de broma y a modo de darle una lección al cliente mandó a hornear la rebanada más grande de pan que se podía hacer por aquellos lugares, así que al siguiente día, cuando llegó el cliente, le puso al lado de su mesa una gran tablón y sobre éste colocó una rebanada de pan de dos metros de largo por un metro y medio de ancho, a lo que el hombre replicó: “Con que volvemos a las andadas, eh!, otra vez una sola rebanada de pan”
(Anónimo)

jueves, 25 de marzo de 2010

La vida

Para celebrar la llegada a mi edad avanzada escribí unas lecciones que me ha enseñado la vida.

La vida no es justa, pero aún así es buena.
La vida es demasiada corta para perder el tiempo odiando a alguien.
Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y familia sí. Mantente en contacto.
No tienes que ganar cada discusión. Debes estar de acuerdo en no estar de acuerdo.
Llora con alguien. Alivia más que llorar solo.
Cuando se trata de chocolate, la resistencia es inútil.
Haz las paces con tu pasado para que no arruine el presente.
No compares tu vida con la de otros. No tienes ni idea de cómo es su travesía.
Si una relación tiene que ser secreta, mejor no tenerla.
Respira profundamente. Eso calma la mente.
Elimina todo lo que no sea útil, hermoso o alegre.
Lo que no te mata, en realidad te hace más fuerte.
Nunca es demasiado tarde para tener una niñez feliz. Pero la segunda sólo depende de ti.
Cuando se trata de perseguir aquello que amas en la vida, no aceptes un "no" por respuesta.
Enciende las velas, utiliza las sábanas bonitas, ponte la lencería cara. No la guardes para una ocasión
especial. Hoy es especial.
Sé excéntrico ahora. No esperes a ser viejo para serlo.
El órgano sexual más importante es el cerebro.
Nadie es responsable de tu felicidad, sólo tú.
Enmarca todo supuesto "desastre" con estas palabras: "En cinco años, ¿esto importará?"
Perdónales todo a todos.
Lo que las otras personas piensen de ti, no te incumbe.
El tiempo sana casi todo. Dale tiempo al tiempo.
Por más buena o mala que sea una situación, algún día cambiará.
No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace.
No cuestiones la vida. Sólo vívela y aprovéchala al máximo hoy.
Llegar a viejo es mejor que la alternativa.....morir joven.
Todo lo que verdaderamente importa al final es que hayas amado.
Sal todos los días. Los milagros están esperando en todas partes.
Si juntáramos nuestros problemas y viéramos los montones de los demás, querríamos los nuestros.
La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas.
Lo mejor está aún por llegar.
No importa cómo te sientas... arréglate y preséntate.
Cede.
La vida no está envuelta con un lazo pero sigue siendo un regalo.
Escrito por Regina Brett, 90 años.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La luz

Compartiendo la luz
Hu-Song, un gran filósofo chino contaba a sus discípulos la siguiente historia:
Varios trabajadores de una mina de carbón, debido a un derrumbe se habían quedado atrapados en total oscuridad y no podían ver casi nada.
Pasaron varias horas sin saber que hacer, por momentos todo era un gran silencio, el pánico los estaba atrapando y pensaban que estaba todo perdido y que tenían muy pocas posibilidades de salir vivos de aquel lugar.
Todos sabían que había una salida, pero entre tanta oscuridad y el polvo del carbón que hacía más oscuro el ambiente, era imposible localizarla.
Uno de ellos, a tientas logró encontrar y encender una pequeña tea. Era muy poco lo que alumbraba, pero eso permitió que los demás pudieran encontrar otras teas y así lograron iluminar el lugar y encontrar el camino que los llevó fuera de la mina.
Uno de los discípulos preguntó a Hu-Song: -¿Qué podemos aprender de este relato?
Podemos aprender que nuestra luz si no la compartimos con el prójimo, sigue siendo oscuridad contestó Hu-Song.
Y también nos dice que el compartir nuestra luz no la desvanece, sino que por el contrario, la hace crecer.
“Compartir nos enriquece, en lugar de hacernos más pobres”
“Los momentos más felices son aquellos que hemos compartido con otros”
Si con una vela enciendes otra y esta a otra y así sucesivamente, se pueden llegar a encender miles de ellas y con ellas iluminar al mundo.
De igual modo, si tu corazón está iluminado por el amor, podrás iluminar otros y de esta manera se pueden llegar a iluminar miles de corazones.
(Anónimo)

martes, 23 de marzo de 2010

No nos pueden robar ni las ideas ni los sentimientos

Lo que el ladrón no se llevó
Al ladrón se le olvidó
la luna en la ventana.”
(Ryokan)
El ladrón se llevó todo a lo que pudo echar mano. No había mucho en la celda del monje, pero siempre encontraría alguna ropilla, algún objeto, un cuenco limpio o un bastón firme, y eso se llevó el profesional del bolsillo ajeno al amparo de la noche cómplice. El monje, alerta siempre a los ruidos de la existencia, despertó a tiempo para ver la sombra sigilosa y comprender el despojo doméstico a que había sido sometido. Notó las ausencias, pero miró la ventana, marco de luna llena en noche estrellada, y sonrió al ver que su posesión más valiosa estaba intacta. La luna blanca seguía luciendo en el telón de la noche. El monje se dio media vuelta en su rincón y siguió durmiendo. Sus riquezas estaban a salvo.
¿Quién me puede quitar la luna? ¿Quién me puede quitar el sol y las estrellas y las nubes y los vientos y las montañas y los prados? ¿Quién me puede privar del mayor tesoro que es la tierra y el cielo y el aire y el mar? Los mercados del mundo subirán y bajarán, y arrastrarán con ellos el valor de mi dinero y la remuneración de mi trabajo. Los ladrones de la oscuridad espiarán mis ganancias y vaciarán mis cofres. Todo lo que puede ganarse puede perderse, y la zozobra del peligro constante enturbia los gozos de la posesión insegura. No hay sueño tranquilo bajo el techo de la ambición.
Pero sí lo hay a la luz de la luna. Desprendimiento alegre de oropeles innecesarios. Austeridad sabia en medio del consumismo loco. Sencillez como norma de vida y como elegancia de estilo. Poner el primer placer en la naturaleza, para que los demás placeres cedan rango y pierdan importancia, y así no estorben con su necesidad compulsiva y su logro dudoso el curso feliz del gozo en mi vida. Saber apreciar la belleza de una noche de luna, para no tener que ir a buscarla frustradamente en espectáculos engañosos de falso alboroto.
Quien lleva dentro la riqueza de su vida no necesita atormentarse por encontrar riquezas externas que nunca han de satisfacerle y siempre pueden traicionarle. Y llevar dentro la riqueza quiere decir saber apreciar y disfrutar a fondo las alegrías sencillas de la vida, el día y la noche, el agua y la brisa, el recogimiento y el silencio, la amistad y la compañía, la risa del niño y el trino del pájaro, el amanecer y la puesta de sol, el alimento y el sueño, el orar y el callar. Todo aquello que la luna en la noche representa y recuerda en su presencia segura, su luz delicada, su sencilla figura. Todo aquello que nadie nos puede quitar.
Antes de volverse a dormir, el monje poeta inmortalizó en verso escueto su sonrisa nocturna:
“Al ladrón se le olvidó
la luna en la ventana.”

(Anónimo)

lunes, 22 de marzo de 2010

Despertar a los dormidos y hacer hermanas a las gentes

La luna se moría de ganas de pisar la tierra.
Quería probar las frutas y bañarse en algún río.
Gracias a las nubes pudo bajar desde la puesta del sol hasta el alba…
Las nubes cubrieron el cielo para que nadie advirtiera que la luna faltaba. Fue una maravilla la noche en la tierra. La luna paseó por la selva del alto Paraná, conoció misteriosos aromas y sabores y nado largamente en el río…
Un viejo labrador la salvo dos veces.
Cuando el jaguar iba a clavar sus dientes en el cuello de la luna el viejo degolló a la fiera con su cuchillo y cuando la luna tuvo hambre la llevo a su casa.
- Te ofrecemos nuestra pobreza - dijo la mujer del labrador y le dio unas tortillas de maíz.
A la noche siguiente desde el cielo la luna se asomó a la casa de sus amigos
El viejo labrador había construido su choza en un claro de la selva muy lejos de las aldeas. Allí vivía como en un exilio con su mujer y su hija. La luna descubrió que en aquella casa no quedaba nada que comer…
Para ella habían sido las últimas tortillas de maíz.
Entonces iluminó el lugar con la mejor de sus luces y pidió a las nubes que dejasen caer alrededor de la choza una llovizna muy suave.
Al amanecer en esa tierra habían brotado unos árboles desconocidos. Entre el verde oscuro de las hojas asomaban las flores blancas…
Jamás murió la hija del viejo labrador. Ella es la dueña de la Yerba Mate
y anda por el mundo ofreciéndola a los demás.

La Yerba Mate despierta a los dormidos,
corrige a los haraganes
y hace hermanas a las gentes
que no se conocen…
EDUARDO GALEANO

jueves, 18 de marzo de 2010

Todavía hay esperanza

SABIDURÍA Y JUSTICIA
Poseía una caja de pinturas
Pero no tenía ni el color rojo
Para la sangre de los heridos,
Ni el blanco para los corazones y
Rostros de los muertos.
Tampoco tenía el amarillo
Para las abrasadoras arenas del desierto.
En su lugar tenía el naranja
Para la aurora y el ocaso,
Y el azul para los nuevos cielos
Y el rosa para los sueños de la gente joven.
Me senté y pinté la paz.
(Escrito por un niño latinoamericano de 10 años).

miércoles, 17 de marzo de 2010

Las pequeñas cosas de cada día

El gran artista Miguel Ángel tardó mucho tiempo en dar los últimos toques a una de sus obras más famosas. Cierto amigo que lo visitaba casi todos los días le preguntaba siempre:
--¿Qué has hecho hoy?
A lo cual el maestro contestaba:
--Hoy he perfeccionado ese detalle en la mano, he mejorado la sombra en aquella arruga, he arreglado la luz en aquella parte del vestido, etcétera.
--Pero esas son bagatelas, dijo un día el visitante.
--Ciertamente, contestó Miguel Ángel; pero la perfección se hace de bagatelas; y la perfección no es una bagatela.
(Anónimo)

martes, 16 de marzo de 2010

La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia.

"No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis, es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia.
El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.
Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla."
Albert Einstein.
1879-1955
.

lunes, 15 de marzo de 2010

Saber esperar…

Un día Buda pasaba a través de un bosque. Era un caluroso día de verano y tenía mucha sed. Le dijo a Ananda, su principal discípulo:
-Ananda, regresa. Cuatro o cinco kilómetros más atrás hemos pasado por un pequeño arroyo. Tráeme un poco de agua. Llévate mi cuenco de mendicante. Tengo mucha sed y estoy cansado -había envejecido.
Ananda volvió hacia atrás… pero cuando llegó al arroyo, acababan de cruzarlo unas carretas tiradas por bueyes que habían enturbiado toda el agua. Las hojas muertas, que estaban reposando en el fondo, habían subido a la superficie, esta agua ya no se podía beber; estaba demasiado sucia. Regresó con las manos vacías y dijo:
-Tendrás que esperar un poco. Iré por delante. He oído que a sólo cuatro o cinco kilómetros de aquí hay un gran río. Traeré el agua de allí. Pero Buda insistió:
-Regresa y tráeme el agua de ese arroyo.
Ananda no podía entender la insistencia, pero si el Maestro lo dice, el discípulo tiene que obedecer. A pesar de lo absurdo de la situación -que de nuevo tiene que caminar cuatro o cinco kilómetros, y sabe que no merece la pena beber ese agua-, él va. Cuando está yendo, Buda le dice:
-Y no regreses si el agua sigue estando sucia. Si está sucia, siéntate en la orilla en silencio. No hagas nada, no te metas en el arroyo. Siéntate en la orilla en silencio y observa. Antes o después el agua volverá a aclararse, y entonces llena el cuenco y regresa.
Ananda volvió hasta allí. Buda tenía razón: el agua estaba casi clara, las hojas se habían desplazado, el polvo se había asentado. Pero todavía no estaba totalmente transparente, de modo que se sentó en la orilla y observó cómo fluía el río.
Poco a poco se volvió cristalina. Después regresó bailando. Entonces entendió por qué Buda había insistido tanto. Había un cierto mensaje en todo esto para él, y lo había entendido. Le dio el agua a Buda, le dio las gracias a Buda, se postró a sus pies.
Buda dijo:
-¿Qué estás haciendo? Yo te debería de dar las gracias por haber traído el agua.
Ananda dijo:
-Ahora lo puedo entender. Primero me enfadé; no lo mostré, pero estaba enfadado porque era absurdo regresar. Pero ahora he entendido el mensaje. Esto es lo que en realidad necesito en este momento. Con la mente es el mismo caso. Sentado en la orilla de ese pequeño arroyo me hice consciente de que pasa lo mismo con la mente. Si me meto en el arroyo lo volveré a ensuciar. Si me meto en la mente, provocaré más ruido, empezarán a aparecer más problemas, a emerger. Sentado a un lado he aprendido la técnica.
Ahora me sentaré también al lado de la mente, observándolas con todas sus suciedades, problemas, hojas muertas, dolores y heridas, recuerdos y deseos. Me sentaré indiferente en la orilla y esperaré el momento en que todo esté claro.

viernes, 12 de marzo de 2010

Nunca es tarde

El pájaro del pantano
Un pájaro que vivía resignado en un árbol podrido en medio del pantano, se había acostumbrado a estar ahí, comía gusanos del fango y se hallaba siempre sucio por el pestilente lodo.
Sus alas estaban inutilizadas por el peso de la mugre, hasta que cierto día un gran ventarrón destruyo su guarida; el árbol podrido fue tragado por el cieno y el se dio cuenta que iba a morir, en un deseo repentino por salvarse, comenzó a aletear con fuerza para emprender el vuelo, le costo mucho trabajo porque había olvidado como volar, pero enfrento el dolor del entumecimiento hasta que logro levantarse y cruzar el ancho cielo, llegando finalmente a un bosque fértil y hermoso.
(Anónimo)

jueves, 11 de marzo de 2010

Si mostramos la “rosa” , los demás conquistarán nuestras espinas

LA ROSA
Un cierto hombre plantó una rosa y la regó fielmente y antes de que floreciera, la examinó. Vio que el capullo pronto florecería, pero notó espinas en el tallo y pensó: “¿Cómo puede tan bella flor provenir de una planta cargada de tantas espinas afiladas?” Entristecido por este pensamiento, se olvidó regar la rosa y, justo antes de que pudiera florecer, murió.
Umair... un estudiante universitario en Arabia Saudita.

miércoles, 10 de marzo de 2010

No los invadamos, acompañémoslos, dejémoslos ser

Una mujer y su hijo se encuentran en una cafetería. Tras escuchar el pedido de la madre, la camarera se dirige al niño:
-¿Y tú qué vas a querer?
-Un perrito caliente.
-De eso nada – salta la madre – Lo que él quiere es un filete de ternera con guarnición de verduras.
La camarera, ignorando el comentario, le pregunta al chico:
-¿Lo quieres con mostaza o con kétchup?
-Con los dos – responde el chico.
Y a continuación se vuelve hacia la madre, todo sorprendido:
-¡Mamá!¡ELLA CREE QUE SOY DE VERDAD!
Anthony de Mello.

martes, 9 de marzo de 2010

Dos actitudes diferentes

En una aldea lejana y montaña adentro vivía una familia de campesinos cuya labor de la tierra era muy pesada ya que el agua para regar sus sembradíos se encontraba un poco lejos de su rancho. Cada día el granjero camina cerca de media hora a un pozo cercano donde el extraía el agua. Dos baldes eran su compañía inmediata para traer agua a sus sembradíos. Uno de los baldes era optimista, el otro era negativo y pesimista. Un día los dos baldes platicaban acerca de su existencia y uno de ellos dijo: "No hay vida tan desilusionante como la mía, dijo el balde vacío mientras se aproximaba al pozo: " Siempre me alejo lleno, pero regreso a este pozo vació".
El otro balde le respondió: " Nunca ha habido una vida tan feliz como la mía" dijo el balde lleno cuando se alejaba del pozo; " Siempre vengo al pozo vacío, pero me voy de él lleno".
No conozco al autor

lunes, 8 de marzo de 2010

Por si nos creemos más

Por qué dejar al hombre para el sexto día
Un grupo de sabios se reunió para discutir la obra de Dios; querían saber por qué no había creado al hombre hasta el sexto día.
-Él quería organizar bien el Universo antes, de manera que pudiésemos disponer de todas las maravillas de la creación dijo uno.
-Él quiso primero hacer algunas pruebas con animales, para luego no cometer los mismos errores con nosotros –sostenía otro.
En esos momentos llegó al encuentro un sabio judío, y se le comunicó el tema de la discusión:
-Y en su opinión, ¿por qué Dios esperó al sexto día para crear al hombre?
-Es muy sencillo –comentó el sabio. –Para que, cuando nos asaltase la vanidad, pudiésemos pensar: hasta el insignificante mosquito tuvo prioridad en la labor Divina.

Extraído del "Guerrero de la luz".- Paulo Coelho

viernes, 5 de marzo de 2010

A veces nos menospreciamos…

Cierta vez, cerca de una playa desierta, el viento formó una pequeña ola. Cuando estuvo formada miró a su alrededor y vio otras olas, enormes, majestuosas, que al llegar a la playa se arrastraban por la arena hasta alcanzar los pies de las palmeras.
-!Oh , que desgraciada soy, se dijo la pequeña ola, yo apenas llegaré hasta la orilla.
Luego miró más lejos y vió como otras olas rompían contra las rocas en un magnifico estallido de agua y espuma, ocasionando un gran estruendo.
-!Oh que insignificante soy, yo apenas salpicaré algunas gotas.
En eso estaba cuando pasó por su lado una ola que parecía apunto de disolverse y al escuchar sus lamentos , le dijo.
- Tu problema es que no has visto aún tu verdadera naturaleza. Ser una ola es solo tu forma temporal, pero en realidad eres agua. Eres parte de un ser más grande, un ser al que no puedes ver, pero al que llamamos Mar . Cuando descubras que tu esencia es el agua, cuando descubras al Mar , entonces comprenderás lo que es ser una ola y tus sufrimientos desaparecerán.
Para cuando hubo terminado de decir esto, la ola casi se fundía con el agua que la rodeaba.
(Anónimo)

jueves, 4 de marzo de 2010

Oídos sordos a la rendición

LAS RANAS
Un grupo de ranas viajaban por el bosque y de repente, dos de ellas cayeron en un pozo profundo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor del pozo. Cuando vieron cuan hondo era el pozo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.
Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del pozo con todas sus fuerzas. Las otras siguieron insistiendo que sus esfuerzos serian inútiles.
Finalmente una de las ranas puso atención a lo que las demás decían, y se rindió. Ella se desplomo y murió. La otra rana continuo saltando tan fuerte como le era posible.
Una vez mas la multitud de ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenia caso seguir luchando.
Pero la rana salto cada vez con mas fuerzas, hasta que finalmente logro salir del pozo. Cuando salio, las otras ranas le dijeron: "Nos da gusto que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritábamos".
La rana les explico que era sorda y que pensó que las demás la estaban animando a esforzarse mas y salir del hoyo.
(Anónimo)

miércoles, 3 de marzo de 2010

La maldad envenena a quien la planea

Una cabra y un asno comían al mismo tiempo en el establo.

La cabra empezó a envidiar al asno porque creía que él estaba mejor alimentado, y le dijo: "Entre la noria y la carga, tu vida sí que es un tormento inacabable. Finge un ataque y déjate caer en un foso para que te den unas vacaciones".

Tomó el asno el consejo, y dejándose caer se lastimó todo el cuerpo. Viéndolo el amo, llamó al veterinario y le pidió un remedio para el pobre. Prescribió el curandero que necesitaba una infusión con el pulmón de una cabra, pues era muy efectivo para devolver el vigor. Para ello entonces degollaron a la cabra y así curar al asno.

En todo plan de maldad, la víctima principal siempre es su propio creador.
Fábula de Esopo

martes, 2 de marzo de 2010

Se recoge lo mismo que se da

EL AGRICULTOR
Un hombre tenía un sembrado de flores estupendas; cada día salían de su cultivo centenares de paquetes a vender a la ciudad con las flores más bellas y fragantes que nadie pudiera conocer.
Este señor año por año ganaba el premio a las flores más grandes y de mejor calidad y como era de esperarse era la admiración de todos en la región; un día se acercó un periodista de un canal de televisión a preguntarle el secreto de su éxito, a lo que el hombre contesto:
- Mi éxito se lo debo a que de cada cultivo saco las mejores semillas y las comparto con mis vecinos, para que ellos también las siembren.
- ¿Cómo?- respondió el periodista- pero eso es una locura, acaso no teme que sus vecinos se hagan famosos como usted y le quiten su importancia?
El hombre dijo: - Yo lo hago porque al tener ellos buenos sembrados el viento me va a devolver a mi cultivo buenas semillas y la cosecha va a ser mayor; si no lo hiciera así ellos sembrarían semillas de mala calidad que el viento traería a mi cultiva y cruzaría las semillas, haciendo que mis flores sean de mala calidad.
(Anónimo)

lunes, 1 de marzo de 2010

NO dejarse lastimar



LOS CUATRO ACUERDOS DE LA SABIDURÍA TOLTECA

1.- No supongas.
No des nada por supuesto.
Si tienes duda, aclárala.
Si sospechas, pregunta.

Suponer te hace inventar historias increíbles que sólo envenenan tu alma
y que NO TIENEN FUNDAMENTO.


2.- Honra tus palabras.
Lo que sale de tu boca es lo que eres tú.
Si no honras tus palabras,
no te estás honrando a ti mismo;
si no te honras a ti mismo, no te amas.

Honrar tus palabras es honrarte a ti mismo,
es ser coherente con lo que piensas y con lo que haces.

Eres auténtico. y te hace respetable ante los demás
y ante ti mismo.


3.-Haz siempre lo mejor que puedas.
Si siempre haces lo mejor que puedas,
nunca podrás recriminarte nada o arrepentirte de nada.


4.- No te tomes NADA personal.
Ni la peor ofensa.
Ni el peor desaire.
Ni la más grave herida.

sábado, 27 de febrero de 2010

La persona que mira…


LA BELLEZA

La mitad de la belleza depende del paisaje;
y la otra mitad de la persona que la mira...
Los más brillantes amaneceres; los más románticos atardeceres;
los paraísos más increíbles;
se pueden encontrar siempre en el rostro de las personas queridas.
Cuando no hay lagos más claros y profundos que sus ojos;
cuando no hay grutas de las maravillas comparables con su boca;
cuando no hay lluvia que supere a su llanto;
ni sol que brille más que su sonrisa......

La belleza no hace feliz al que la posee;
sino a quien puede amarla y adorarla.
Por eso es tan lindo mirarse cuando esos rostros
se convierten en nuestros paisajes favoritos....



(HERMAN HESSE)

viernes, 26 de febrero de 2010

Todos tenemos un brazo izquierdo

Fuerza en la debilidad
Un joven de 15 años sufrió un accidente con su ciclomotor y tuvieron que amputarle el brazo izquierdo. Luego de un año de recuperación decidió aprender Judo. Su Sensei (maestro) era un anciano experto en este arte marcial.
Al cabo de tres meses y pese a demostrar gran entusiasmo, el maestro sólo le había enseñado un movimiento. Lo aprendió a la perfección, pero comenzó a aburrirse. Pidió que le enseñara más; le dijo que por ahora era todo lo que él necesitaría aprender.
Cansado de repetir hasta el cansancio la misma toma miles de veces, abandonó la práctica.
Una tarde recibió un llamado del maestro invitándolo a competir en un torneo.
Luego de varias rondas clasificó para disputar la final. Su adversario era grande y demostraba mucha destreza. El sentía poca confianza pero el maestro lo alentaba a continuar.
Fue una larga lucha, su oponente perdía concentración. Rápidamente, el muchacho aprovechó esto y logró vencerlo.
De regreso a casa el muchacho preguntó: "¿Cómo pude ganar un torneo con sólo un movimiento?"
El Sensei contestó: "Tú has logrado dominar uno de los movimientos más difíciles en el judo. La única defensa contra esa toma era que tu rival se agarrase de tu brazo izquierdo".
(Anónimo)

jueves, 25 de febrero de 2010

Cuidemos a quien tenemos...

REGANDO MI JARDIN
Había una joven muy rica, que tenía todo: un hogar, un marido maravilloso, hermosos hijos, un empleo que le daba muchísimo bienestar económico, una familia unida. Lo extraño es que ella no conseguía conciliar todo eso, el trabajo y sus quehaceres le ocupaban todo el tiempo y su vida siempre estaba deficitaria en algo.
Si el trabajo le consumía tiempo, ella lo quitaba de los hijos;, si surgían problemas ella dejaba de lado al marido... Y así, las personas que ella amaba eran siempre dejadas para después.
Hasta que un día, su padre, un hombre sabio, le dio un regalo: una flor rarísima, de la cual sólo había un ejemplar en todo el mundo. Y le dijo: Hija, está flor te va a ayudar mucho, ¡más de lo que ahora te imaginas!
Tan solo tendrás que regarla y podarla de vez en cuando y, a veces, conversar un poco con ella; y ella te dará a cambio ese perfume maravilloso y esas maravillosas flores. La joven quedó muy emocionada, a fin de cuentas, la flor era de una belleza sin igual.
Pero el tiempo fue pasando, los problemas surgieron, el trabajo consumía todo su tiempo, y su vida, que continuaba confusa, no le permitía cuidar de la flor. Ella llegaba a casa, miraba la flor y las flores todavía estaban allí, no mostraban señas de flaqueza o muerte, simplemente "estaban allí", lindas perfumadas. Entonces ella pasaba de largo.
Hasta que un día, sin más ni menos, la flor murió. Ella llegó a casa ¡y se llevó un susto! La flor estaba completamente muerta, su raíz estaba reseca, sus flores caídas y sus hojas amarillas. La joven lloró mucho, y contó a su padre lo que había ocurrido.
Su padre entonces respondió: Yo ya me imaginaba que eso ocurriría, y no te puedo dar otra flor, porque no existe otra flor igual que esa, ella era única, al igual que tus hijos, tu marido, tu familia, tus amigos. Todos son bendiciones y tú tienes que aprender a regarlos, podarlos y darles atención, pues igual que la flor, los sentimientos también mueren. Te acostumbraste a ver la flor siempre allí, siempre florida, siempre perfumada y te olvidaste de cuidarla.
(Anónimo)

miércoles, 24 de febrero de 2010

¡ Dejemos secar la ira !


Mariana se puso toda feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul.
Al día siguiente, Julia, su amiguita, vino bien temprano a invitarla a jugar. Mariana no podía pues saldría con su madre aquella mañana. Julia entonces pidió a Mariana que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían. Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga decidió, hacer hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial.
Al volver del paseo, Mariana se quedó pasmada al ver su juego de té tirado al suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota. Llorando y muy molesta Mariana se desahogó con su mamá ¿ves mamá lo que hizo Julia conmigo?
Le presté mi juguete y ella lo descuidó todo y lo dejó tirado en el suelo.
Totalmente descontrolada Mariana quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo: Hijita, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo todo blanco y un coche que pasaba te salpicó de lodo tu ropa? Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuelita no te dejó ¿Recuerdas lo que dijo tu abuela? Ella dijo que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil quitar la mancha.
Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo.
Mariana no entendía todo muy bien, pero decidió seguir el consejo de su madre y fue a ver el televisor. Un rato después sonó el timbre de la puerta.
Era Julia, con una caja en las manos y sin mas preámbulo ella dijo:
- Mariana, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta? Él vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té pero el se enojó y destruyó el regalo que me habías prestado. Cuando le conté a mi madre ella preocupada me llevó a comprar otro igualito, para ti. ¡Espero que no estés enojada conmigo. No fue mi culpa.!
- ¡No hay problema!, dijo Mariana, ¡mi ira ya secó! Y dando un fuerte abrazo a su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo que se había ensuciado de lodo.
(Anónimo)

martes, 23 de febrero de 2010

Un corazón con las puertas abiertas

Un hombre había pintado un cuadro muy lindo. El día de la presentación al público, asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas y mucha gente, pues se trataba de un famoso pintor, reconocido artista.
Llegado el momento, se tiró el paño que revelaba el cuadro. Hubo un caluroso aplauso. Era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa, parecía querer oír si adentro de la casa alguien le respondía. Hubo discursos y elogios. Todos admiraban aquella preciosa obra de arte. Un observador muy curioso, encontró una falla en el cuadro. La puerta no tenía cerradura, y se fue a preguntar al artista:
-Su puerta no tiene cerradura ¿Cómo hace para abrirla?
-Así es, respondió el pintor, porque esa es la puerta del corazón del hombre. Sólo se abre por dentro.
Anónimo

viernes, 19 de febrero de 2010

¿Para qué vivir como si fuésemos a quedarnos?

EL TURISTA Y EL SABIO
Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, Egipto con la finalidad de visitar a un famoso sabio.
El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros.
Las únicas piezas de mobiliarios eran una cama, una mesa y un banco.
Donde están sus muebles?, preguntó el turista.
Y el sabio, rápidamente, también pregunto: ¿Y donde están los suyos... ?
¿Los míos?, se sorprendió el turista.
¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso! Yo también... concluyó el sabio.
Huang Shi Quang

jueves, 18 de febrero de 2010

La honestidad, sobre todas las cosas...

LOS POLLOS
"He aqui que un hombre entró en una pollería. Vió un pollo colgado y, dirigiéndose al pollero, le dijo:
-Buen hombre, tengo esta noche en casa una cena para unos amigos y necesito un pollo. ¿cuánto pesa éste?
El pollero repuso:
-Dos kilos, señor.
El cliente meció ligeramente la cabeza, en un gesto dubitativo, y dijo:
-Éste no me vale entonces. Sin duda, necesito uno más grande.
Era el único pollo que quedaba en la tienda. El resto de los pollos se habían vendido. El pollero, empero, no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión.
Cogió el pollo y se retiró a la trastienda, mientras iba explicando al cliente:
-No se preocupe, señor, enseguida la traeré un pollo mayor.
Permaneció unos segundos en la trastienda. Acto seguido apareció con el mismo pollo entre las manos, y dijo:
-Éste es mayor, señor. Espero que sea de su agrado.
-¿Cuánto pesa éste? -preguntó el cliente.
-Tres kilos -contestó el pollero sin dudarlo un instante.
Y entonces el cliente dijo:
-Bueno, me quedo con los dos."
Cuento clásico de la India

miércoles, 17 de febrero de 2010

La PAZ

LOS TRES PRÍNCIPES Y LA PLUMA DE LA PAZ
Había una vez un Rey que tenía tres hijos. Era un Rey muy malo porque tenía planes malvados. Un día un hijo suyo lo descubrió e intentó detenerlo y entonces el Rey mandó que lo introdujeran en un pudridero. Otro hijo fue a rescatar a su hermano pero lo descubrieron, entonces él también fue atrapado. El Rey se sentía angustiado por lo que había hecho con sus hijos y ordenó a sus caballeros que los sacaran.
Los meses pasaron, el Rey enfermó y al poco tiempo falleció. Antes de que esto sucediera, dejó una nota informando a sus hijos, que rey sería aquel que ganara una competencia de valentía. La competencia consistía en luchar contra el Dragón de la Montaña Roja. Los tres hermanos aceptaron el desafío y partieron hacia allá.
El camino era largo y espantoso porque siempre era de noche y nunca se veía el sol. El Dragón de la Montaña Roja era un enorme animal con cuerpo de serpiente, cola de león, patas de caballo y alas de águila. Su cola era un arma terrible. Podía volar y echar fuego por la boca. Al llegar al pie de la montaña los tres hermanos decidieron llevar a cabo el desafío haciéndolo cada uno por su lado. Entonces llegaron a un acuerdo y por sorteo le tocó al hermano menor ir primero a intentarlo.
Cuando el hermano pequeño llegó al pie de la montaña, descubrió que había una entrada secreta, en forma de cueva, que estaba tapada por el boscaje, decidió entrar y lo que vio fue un monstruo fuerte y feo que le atacó sin piedad, pero el apuesto Príncipe se defendió y lo mató con su espada.
Pero cuando el Príncipe se dio la vuelta victorioso y dispuesto a salir de la cueva para contarle a sus hermanos su triunfo un terrible sonido le dejó inmovilizado de terror, un viento helado surgió de su espalda y aunque le dieron ganas de salir corriendo, la curiosidad le venció y volvió su rostro hacia atrás y cual fue su sorpresa, que al girarse, se encontró con un niño. El Príncipe le preguntó cómo había llegado hasta la cueva, y el niño respondió que había sido hechizado por una bruja malvada, encerrándolo en el corazón del monstruo y que al derrotarle había quedado liberado del hechizo y así los dos juntos salieron de la cueva dando saltos de alegría.
Fueron corriendo a contárselo a los otros dos Príncipes, y los cuatro se alegraron mucho de verse. El Príncipe más pequeño le contó a sus hermanos lo que había pasado. Los otros dos hermanos se quedaron muy sorprendidos y le preguntaron al niño: «¡es verdad eso! y ¿por qué te hechizaron?» y el niño contestó: «porque yo era el Príncipe de Francia y quería casarme con la Princesa de Italia». Esas palabras extrañaron a todos y pronto se dieron cuenta de que el niño hablaba con acertijos, por lo que su felicidad no podía ser completa, por eso decidieron enviarlo a su castillo para que descansara y pudiera recuperarse de la terrible experiencia que había vivido.
Cuando los tres Príncipes se quedaron solos se abrazaron y cada uno se marchó por un camino diferente hacia la cima de la Montaña Roja donde vivía el Dragón contra el que tenían que luchar, pero de pronto sopló un viento muy fuerte, el cuál hizo que los tres Príncipes se encontraran con el Dragón, que era más grande que un castillo de un millón de pisos. Los tres se aterrorizaron y se marcharon corriendo. Pero a mitad de camino, los tres Príncipes se dieron la vuelta y demostrando su valentía se dispusieron a luchar contra el Dragón y tras una intensa pelea consiguieron vencerle. Al cabo de unos instantes el Dragón se fue transformando lentamente en un anciano que les dijo que había sido hechizado por un malvado Rey, que a su vez era un temible brujo, y este brujo era el padre de los tres Príncipes.
Entonces los Príncipes al conocer la noticia quedaron decepcionados. La maldad de su padre había quedado sembrada por todo el reino y ellos no querían heredar nada que estuviese relacionado con el Rey (su padre). Renunciaron al reino y disfrazándose de simples campesinos emprendieron camino hacia un lejano lugar.
Viajaron hasta llegar a una tierra desconocida lejos de la maldad de su padre. Los tres hermanos sufrieron mucho pues estaban acostumbrados a la vida lujosa del palacio y el campo era algo muy diferente. Por días enteros, sufrieron hambres y miserias hasta que un día su suerte cambió, encontraron un Ave Fénix que les dijo que si rozaban a cada niño que naciera con una de sus plumas, lograrían encontrar la paz que tanto ansiaban. Entusiasmados con la idea los tres hermanos celebraron su dicha dándose abrazos y emitiendo pequeños gritos. El menor de los Príncipes tomó la pluma que el Fénix le ofrecía. Al tocarla una sensación cálida nació en la punta de sus dedos, la cual le protegió del frío. Sus hermanos le imitaron y juntos partieron rumbo a la aventura. Pero al cabo de un rato, un cuervo les robó la pluma y se la llevó a la montaña donde habitaba, un alejado lugar donde moraban pájaros gigantescos, animales tan antiguos como el principio de la Tierra. El cuervo escondió la pluma en su nido, donde sus crías esperaban desde hacía tiempo el calor suficiente para salir de su cáscara y la pluma se lo proporcionó. Cuando nacieron fue inevitable que rozaran la pluma del Ave Fénix, lo que provocó en los Príncipes un gran desasosiego, ya que las crías del cuervo eran tan malas como él, pero sucedió que cuando las crías del cuervo rozaron la pluma murieron todas porque la pluma del Ave Fénix podía vencer la maldad.
Pero todas no eran crías de cuervo; también había en el nido un huevo de paloma y con el calor que le proporcionó la pluma nació una preciosa y blanca paloma, símbolo de la paz, que ayudaría a los Príncipes a llevar en el pico la pluma del Ave Fénix por todas partes del mundo, rozando con ella a todos los niños recién nacidos. Así se fue extendiendo la paz por la tierra que, poco a poco, se fue transformando en un lugar lleno de paz, armonía y felicidad. Y así los tres príncipes volvieron a su reino dónde vivieron los tres, juntos, felices y contentos. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
(Anónimo)

martes, 16 de febrero de 2010

Como aprender a vivir


LA ABUELA LOCA
Mi abuela está loca. Tiene el pelo largo, teñido de rosa chicle, siempre está inventando canciones y bailando, le da lo mismo que sea una canción de los "Rolling", de "El Fari" o lo último de los "cuarenta". Le encantan los ordenadores, que maneja a la perfección. Su buzón de Internet está permanentemente plagado de mensajes de personas de todos los países y de todas las edades, amigos que ha ido encontrando en sus múltiples incursiones por el mundo cibernético. Ella siempre dice que el progreso nos llevará a los jóvenes por el camino de la paz. En este mundo, que nos pintan gris, que nos filman destruido, ella dice que nosotros, los niños del 2000, tenemos en nuestras manos el planeta y no debemos permitir que los adultos nos lo dejen hecho una marranada.
Mi abuela piensa también que los animales son más racionales que los hombres y por ello quiere que miremos al mundo animal y lo imitemos en sus comportamientos, que nos metamos en el mar y nademos como los delfines, que seamos tan leales como los perros, tan independientes como los gatos, que cantemos como los pájaros, que defendamos a nuestros hijos como los leones, que descansemos como los osos cuando estemos cansados y corramos como los conejos cuando tengamos ganas de sentirnos libres, que trabajemos como las hormigas en grupo, que saltemos como los canguros para intentar coger las estrellas, que nos subamos a los árboles y nos colguemos boca abajo como el oso perezoso para así, ver las cosas desde otra perspectiva. Que nos adaptemos a nuestro hábitat y, como además somos inteligentes, que intentemos cambiarlo para poder vivir mejor.
Para ello nos propone reír siempre que estemos contentos para hacer felices a los que nos rodean y llorar a moco tendido cuando tengamos un mal momento, sin ningún complejo, porque las lagrimas te limpian el alma y un alma limpia es el mejor remedio contra la tristeza y el mejor aliado de la paz.
Mi abuela está chiflada se viste con zapatos de suplemento, sus colores preferidos los saca del arco iris y se los pone para alegrar la ciudad, siempre tan sucia y siempre tan oscura. No usa bolsos, prefiere las mochilas que le permiten moverse con libertad mientras pasea por las calles bailando como la niña que aún sigue siendo, mientras tararea alguna cancioncilla de su propia cosecha.
Mi querida abuela me anima para que estudie y para que aprenda todo lo que puedan enseñarme, dice que la sabiduría no se puede imponer, que tiene que adquirirse con el paso de los años, que son los ancianos los que están más cerca de la muerte de los que tenemos que aprender a vivir, porque ellos han conseguido llegar a la vejez y hoy en día llegar a viejo ha dejado de ser el propósito de los mas jóvenes que creemos que es mejor morir antes de tener arrugas, sin darnos cuenta que eso es un síntoma de cobardía y no de rebeldía...
(Anónimo)

lunes, 15 de febrero de 2010

Unir las diferencias

De cómo Rapigato y Gatontuelo se hicieron amigos
En la lejana Ciudad Gatonesa, vivían muchísimos gatos. Pero sólo dos eran los más famosos y conocidos: Rapigato y Gatontuelo. Ellos eran dos personajes muy especiales en esa ciudad, y muy queridos por todos, pero entre ellos eran totalmente enemigos. ¡Es que eran tan diferentes el uno del otro!
Rapigato decía que le fastidiaba hablar con Gatontuelo porque era muy tonto y nunca tenía un tema interesante de qué hablar, además de ser súper lento para todo y muy aburrido. Gatontuelo, por su parte, opinaba que Rapigato era un fanfarrón insoportable, que tenía «aires» de súper héroe, y que no se podía ni hablar con él porque siempre andaba apurado, y pasaba de un lado a otro muy rápidamente. Por eso, nunca se los veía juntos, salvo cuando se reunían todos los habitantes de Ciudad Gatonesa para tratar de solucionar algún problema.
Y últimamente, tenían un grave problema que no sabían como resolver. Es que a éstos gatos, les gustaba mucho comer queso, era su comida preferida, porque para ellos, no había nada más rico que eso. Pero ese no era todo el problema, lo grave de la situación era que muy cerca de allí, había un pueblo llamado Ratolandia, cuyos habitantes eran pequeños ratones. Y cuando caía la noche en Ciudad Gatonesa, todos los ratolandeses salían de sus cuevas e invadían la ciudad vecina dejándolos sin queso. Y eso, para ellos, era imperdonable. Había que buscar una solución… ¡pero pronto!
Ya habían intentado dejando como vigilantes a Gatomisario (el comisario de la ciudad) y a sus Gatolicías (los policías) durante toda la noche. Pero siempre pasaba lo mismo: en algún momento todos se dormían, y entonces los ratolandeses aprovechaban y les comían todo el queso. Después empezaron a probar suerte turnándose para hacer guardia, dos gatos por noche, pero ninguno de ellos logró vencer el sueño. Hasta que por fin, una noche les llegó el turno a Rapigato y Gatontuelo, ¡los dos juntos! Ellos estaban muy enojados, así que ni se hablaban. Rapigato empezó a recorrer la ciudad, de un lado para el otro, para ver si descubría a algún ratón. Pero lo hacía tan rápidamente, que muy pronto se tuvo que sentar a descansar, y al final, se terminó durmiendo. Gatontuelo, en cambio, era tan lento, que era imposible cansarse a su paso. Cuando apenas había terminado de recorrer algunas cuadras, aparecieron los ratones, y como era tan tonto, en vez de intentar atraparlos, se puso a charlar con ellos. Los ratones sorprendidos, lo escuchaban, y Gatontuelo entonces, se puso a contar chistes… Primero les contó un montón de chistes divertidos, y los ratolandeses no podían parar de reírse. Pero luego, empezó a contar chistes que no tenían ninguna gracia, y eran tan aburridos, que los ratones se terminaron durmiendo. Gatontuelo, no lo dudó ni un instante, despertó a Rapigato, y juntos cargaron a todos los ratones en una gran canasta. Y así, Rapigato, valiéndose de su velocidad, los llevó muy, muy lejos de la ciudad, para que nunca pudieran regresar.
Cuando amaneció en Ciudad Gatonesa, Rapigato ya estaba de regreso y junto a Gatontuelo, contaron a todos lo sucedido. Y estaban tan felices, que hasta se abrazaron emocionados. Toda la ciudad cantaba de alegría por sus nuevos héroes. Y ellos, sonreían felices mientras firmaban autógrafos y posaban para las fotos de la prensa gatuna.
Y desde ese día, Rapigato y Gatontuelo fueron muy amigos, porque comprendieron que uniendo sus diferencias, y ayudándose mutuamente, fueron mucho más fuertes y hasta pudieron salvar a su ciudad, cosa que solos, nunca hubieran logrado.
(Anónimo)

domingo, 14 de febrero de 2010

Distintas formas de ver lo acontecido


Al regresar el maestro a su apartamento modesto, encuentra la puerta abierta y la habitación vacía. “Maestro, nos han despojado de todo”, dice el discípulo.
Pero el maestro sonríe, se sienta tranquilamente sobre el suelo de esterilla y dice, señalando al cielo:
“El ladrón no ha podido quitarnos lo mejor de esta casa: la luna vista desde la ventana”.
Autor: Juan Masià.-Vivir y pensar en la frontera

sábado, 13 de febrero de 2010

Ser un@ mism@

LA ELEFANTA QUE QUERÍA SER JIRAFA
Había una vez una elefanta que vivía feliz en su pueblo. Un día, mirando la televisión quedó fascinada con el Gran Desfile «Jirafa`s Moda Show», con las mejores modelos de Jirafancho Dottof y Roberto Jirofandio.
- ¡Cómo me gustaría ser una famosa modelo! -decía la elefanta sin dejar de mirar el Show-.
Entonces se puso a pensar, ya que no podía sacarse esa idea de la cabeza. Pensó y pensó durante un largo rato, hasta que por fin se le ocurrió una gran idea, hacer una dieta.
Y desde ese día empezó a comer cada vez menos. Al principio iba todo bien tal cual lo había planeado… ¡si hasta se notaba más flaca al mirarse al espejo!. Pero el problema era que para hacer semejante sacrificio, tuvo que alejarse de sus amigos elefantes, porque éstos comían todo el tiempo y ella no podía resistir la tentación.
Así fue como empezó a quedarse sola, ya que sus amigos, cansados de que nunca quisiera salir con ellos, dejaron de invitarla.
- ¡Esto de ser flaca sí que cuesta mucho! –pensaba tristemente la elefanta-.
Pasó el tiempo, y después de muchos sacrificios, logró por fin estar mucho más flaca, pero también estaba ojerosa, un poco débil y mucho más fea, ya que un elefante flaco nunca puede ser muy lindo.
Sus vecinos del barrio la miraban extrañados… es que empezaba a verse muy diferente al lado de los de su especie, y esto llamaba mucho la atención.
Fue entonces que la elefanta pensó que ya nada tenía que hacer al lado de sus gordos amigos, y decidió irse a vivir a Jiraflandia, la ciudad de las jirafas, donde creía que ya estaba lista para convertirse en una Súper Modelo.
¡Pero que desilusión que se llevó! Todas las jirafas la miraban como a una extraña! y nadie aceptó incluirla en sus desfiles.
Es que para ser delgada como una jirafa, aún seguía siendo muy gorda, y para ser una verdadera elefanta… ¡estaba demasiado flaca!
Ahora se sentía peor que nunca, porque no sabía cual era su verdadero lugar, bueno, en realidad sí lo sabía, pero no estaba muy segura de querer aceptarlo.
Finalmente, después de mucho pensar, se dio cuenta de que lo que quería lograr era imposible, porque era como pedirle a una jirafa que sea tan gorda como un elefante… ¡eso nunca sería posible!. Y aunque lo fuera ¿se imaginan lo fea que quedaría?
- Cada uno es como es -reflexionó la elefanta- Lástima que no lo pensé antes de arruinar tantos meses de mi vida intentando ser otra, haciendo terribles sacrificios para convertirme en una modelo famosa, como esas altas y delgadas jirafas. Si era tan feliz antes, estaba rodeada de amigos, y todos me querían como era… ¿para qué cambiar mi imagen?. Si cada ser es único e irrepetible, ¿para qué quiero parecerme tanto a alguien que no soy? –sollozaba tristemente- Ahora estoy sola, triste, y arrepentida de todo lo que hice.
Y así fue que decidió volver a su pueblo, junto a sus vecinos y amigos, y pedirles perdón, porque últimamente no los había tratado nada bien.
Todos allí la perdonaron, y le organizaron una fiesta de Bienvenida, donde no faltaron tortas, pasteles, y muchas cosas ricas.
La elefanta, que ya estaba cansada de pasar hambre, comió de todo y se sintió muy contenta de volver a ser una elefanta «normal».
Y desde ese día ya no quiso parecerse más a nadie, sólo quiso ser ella misma… ¡Y así sí que vivió feliz!
(Anónimo)

viernes, 12 de febrero de 2010

Quizás haya que buscar entre lo que un@ ya tiene

El pequeño pez

—Usted perdone —le dijo un pez a otro—. Usted es más viejo y tiene más experiencia que yo, y probablemente pueda ayudarme. Dígame, ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He buscado por todas partes y no lo puedo encontrar.

—El Océano —respondió el viejo pez— es donde estás ahora mismo.
—¿Esto? Pero si esto no es más que agua… Lo que yo busco es el Océano —contestó el joven pez. Y se marchó decepcionado a buscar en otra parte.
(Anónimo)

sábado, 6 de febrero de 2010

Volar juntos, pero jamás atados

AMOR SIN ATADURAS
Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux, que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Azul, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu...

-Nos amamos...- empezó el joven

-Y nos vamos a casar....- dijo ella.

-Y nos queremos tanto que tenemos miedo, queremos un hechizo, un conjuro, o un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos, que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar la muerte.

-Por favor, -repitieron - hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes, tan enamorados.y tan anhelantes esperando su palabra...

-Hay algo,-dijo el viejo- pero no sé.....es una tarea muy difícil y sacrificada.
Nube Azul...-dijo el brujo- ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de luna llena. ¿Comprendiste?

-Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo- deberás escalar la montaña del trueno. Cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas, y solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Azul. ¡Salgan ahora!

Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares.

-Y ahora ¿qué haremos?, -preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?

-No - dijo el viejo.

-¿Los cocinaremos y comeremos su carne?- propuso la joven.

-No -repitió el viejo. Harán lo que les digo: tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres...

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse por el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.
(Anónimo)

viernes, 5 de febrero de 2010

¿Qué hago cuando el viento sopla?

¿Qué hagoCuando el viento sopla
Hace algunos años un hacendado poseía tierras a lo largo del litoral del Sur Atlántico. Constantemente anunciaba estar precisando empleados. La mayoría de las personas estaban poco dispuestas a trabajar en campos a lo largo del Atlántico. Temían las horribles tempestades que barrían aquella región, haciendo estragos en las construcciones y las plantaciones.
Buscando nuevos empleados, el recibió muchos rechazos. Finalmente, un hombre bajo y delgado, de edad media se aproximó al hacendado.
- ¿Usted es un buen labrador? Le preguntó el hacendado.
- Bueno, yo puedo dormir cuando el viento sopla, le respondió el pequeño hombre.
Bastante confuso con la respuesta, el hacendado, desesperado por ayuda, lo empleó. Este pequeño hombre trabajó bien en todo el campo, manteniéndose ocupado desde el amanecer hasta el anochecer Y el hacendado estaba satisfecho con el trabajo del hombre.
Pero entonces, una noche, el viento sopló ruidosamente. El hacendado saltó de la cama, agarró una lámpara y corrió hasta el alojamiento del empleado. Sacudió al pequeño hombre y le gritó:
- ¿Levántate! Una tempestad está llegando! Amarra las cosas antes que sean arrastradas!
El hombre pequeño se dio vuelta en la cama y le dijo firmemente,
- No señor. Yo ya le dije: "Yo puedo dormir cuando el viento sopla."
Enfurecido por la respuesta, el hacendado estuvo tentado a despedirlo inmediatamente. En vez de eso, se apresuró a salir y preparar el terreno para la tempestad.
Del empleado se ocuparía después.
Pero, para su asombro, encontró que todas las parvas de heno habían sido cubiertas con lonas firmemente atadas al suelo. Las vacas estaban bien protegidas en el granero, los pollos en el gallinero, y todas las puertas muy bien trabadas. Las ventanas bien cerradas y aseguradas. Todo estaba amarrado. Nada podría ser arrastrado.
El hacendado entonces entendió lo que su empleado le había querido decir. Y retornó a su cama para también dormir cuando el viento soplaba.
(Anónimo)

jueves, 4 de febrero de 2010

La vida es un instante

El atardecer de la vida
El sol se despedía del Imperio Tré. El vasallo caminaba junto a la anciana del molino amarillo. Iban conversando sobre la vida.
- ¿Qué cosa es lo que más te gusta de la vida, anciana?
La viejecilla del molino amarillo se entretenía en lanzar los ojos hacia el ocaso.
- Los atardeceres –respondió.
El vasallo preguntó, confundido:
- ¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas de Tré.
Y reafirmándose, exclamó:
- ¿Sabes? Yo prefiero los amaneceres.
La anciana dejó sobre el piso la canastilla de espigas que sus arrugadas manos llevaban. Dirigiéndose hacia el vasallo, con tono de voz dulce y conciliador, dijo:
- Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma.
- ¿Cosas? ¿De ti misma...? – inquirió el vasallo. No sabía a qué se refería la viejecilla con aquella frase.
Antes de cerrar la puerta del molino amarillo, la anciana añadió:
- Claro. La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú. Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio el precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. Por eso prefiero los atardeceres... - ¡mira!
La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo del Imperio Tré. El vasallo guardó silencio. Quedó absorto ante tanta belleza.
(Anónimo)

miércoles, 3 de febrero de 2010

Cada uno a lo suyo

Esta es la historia de unos duendes que le tenían mucho miedo a un dragón negro, enorme, cubierto de escamas, con poderosas garras y… que ocultaba un secreto.
…Cuando los duendes tienen miedo puede ser por varios motivos.
Porque los hombres descubrieron su aldea.
Porque las brujas los molestan con sus chirridos y no los dejan dormir.
Porque alguna lluvia inundó sus calles y no hay botes para todos.
Porque los chicos dejaron de creer en ellos.
Pero en este caso, a los duendes de la aldea, no les pasaba nada de eso. Tenían miedo porque cerca, muy cerca, en una caverna que había estado desocupada por miles de años, se había instalado un terrible dragón. Negro, enorme, cubierto de escamas. Con poderosas garras y con una boca grande repleta de afilados dientes, de la que salían largas llamaradas.
Los duendes tenían miedo, como quien dice, estaban muertos de miedo. Pero lejos de quedarse sentados a temblar, decidieron mudar su aldea a una cueva subterránea (donde igual seguían temblando).
Organizaron su vida de tal manera que casi no tenían que salir. Sólo cada tanto, uno de ellos, elegido mediante un sorteo, iba al bosque a buscar semillas para luego plantarlas y tener suficiente comida por varios meses. Los que se quedaban, le advertían con los ojos afuera de sus órbitas:
—¡Cuidado! Si el dragón te descubre, te golpeará con su cola como si fuera un látigo.
—Si logra acercarse, te quemará con el fuego de su enorme bocota.
—¡Y sus dientes! Si te atrapa te cortará en rebanadas en sólo un segundo.
El pobre duende, elegido por sorteo, salía temblando de tal manera, que durante las primeras horas de su recorrido iba perdiendo todas las semillas que recogía.
Pero la verdad, la verdad, es que el dragón nunca les había hecho nada.
Simplemente, lo que ocurría era que, cada noche de luna llena, se acercaba a la aldea apoyando sus pesadas patas sobre el pasto (el ruido de su paso era estremecedor), respirando profundamente (el viento que salía de su boca agitaba las ramas de los árboles como una tormenta) y mostrando sus dientes y sus escamas que brillaban bajo la luz de la luna (el encandilamiento dejaba ciegos por un rato a todos los duendes).
Cuando eso ocurría, los duendes corrían despavoridos y, generalmente, gracias a sus poderes, desaparecían hasta volver a aparecer todos desparramados por cualquier lado.
Después de varios días, se reencontraban nuevamente en la aldea, y se escuchaba:
—¡Que suerte que no nos golpeó!
—¡Qué suerte que no nos cortó!
—¡Qué suerte que no nos quemó!
Después los días seguían iguales. Con un miedo terrible y con un temblor general que aumentaba a medida que se acercaba la próxima luna llena.
Ese día, el duende Namburetoxamin (elegido en el sorteo) caminaba temblando y recogiendo semillas. Guardaba una y levantaba la vista para ver si aparecía el dragón. Así una, dos, cien veces, hasta que de pronto, un ruido ensordecedor lo sorprendió. Una gran sombra lo cubrió totalmente. Parecía que la tarde se había convertido en noche.
De pronto… silencio.
Namburetoxamin inmóvil, sólo podía mover sus ojos y con ellos vio como una cosa parecida a una cabeza se le acercaba…
—¡Oia! ¡Un duende! —dijo la cabeza (bueno, la boca que estaba en la cabeza).
—¡Oia! ¡Un nene! —dijo el duende— ¡Uf! ¡Qué alivio!
Y como los nenes y los duendes son amigos, minutos después estaban charlando como si se conocieran de toda la vida.
Lo primero que el duende le contó fue lo que sufría su aldea con la amenaza permanente del dragón negro, enorme, cubierto de escamas. Con poderosas garras y una boca grande repleta de afilados dientes, de la que salían largas llamaradas.
Entonces, el nene le dijo:
—Mirá Namburetaxin, digo Namtoxamin, eh… Nambuto…, bueno escuchá: lo que tienen que hacer es juntar corchos para tirarles a las garras y a los dientes y volverlos inofensivos. También desviar un río hacia la aldea, contenerlo con una represa y cuando el dragón se acerque, tendrán, suficiente agua para apagar sus llamaradas. Después, armar un pantano profundo que rodee completamente la aldea para que el dragón se caiga y además, guardar viento en bolsas por si falla lo del agua.
El duende lamentó no tener dónde anotar el plan de batalla pero, luego de agradecer al nene por las ideas, se marchó hacia su aldea repitiendo: “corchos, río, agua, viento, pantano, corchos, río, agua, viento, pantano…”.
Cuando llegó, sin ninguna semilla pero con tantas ideas, los otros duendes lo rodearon completamente para escucharlo. Entusiasmados se repartieron las tareas, las que les llevarían unos cuantos días. Pero el entusiasmo de vencer al dragón negro, enorme, cubierto de escamas, con garras…, eh…esteee…., al dragón malo, los hizo trabajar sin detenerse.
Exactamente una noche antes de la luna llena, todo estaba listo: río desviado, montañas de corchos, bolsas llenas de viento y pantano.
Sólo era cuestión de esperar.
Las horas del día siguiente parecía que pasaban con más lentitud.
Pero el momento llegó.
El cielo comenzó a oscurecerse y la luna redonda se fue asomando detrás de los árboles.
Silencio, intriga, miedo, temblor…
El dragón… ¿aparecería?
Claro que sí. Tapando con su cuerpo enorme a la luna, se acercaba pisando pesadamente y resoplando sin cesar.
Ya estaba cerca, demasiado cerca.
Namburetoxamin estaba listo para dar la orden de ataque. Miró por última vez a los otros duendes que estaban agazapados cada uno en su puesto y levantando su brazo derecho dijo: —¡Preparados… listos…!
Pero antes de que dijera “¡ya!”, se escuchó la voz gruesa del dragón que decía:
—Perdón… ¿alguien de ustedes sabe leer?
—A-alguien de us-ustedes sabe ¿qué cosa? —dijo Namburetoxamin a punto de desmayarse y todavía con el brazo en alto.
—Leer. Pregunto si alguno de ustedes sabe leer. Es que en mi caverna tengo una pila así de libros de cuentos, pero no sé leerlos, ¿alguien me los puede leer?
—¡Yo no!
—¡Yo tampoco!
—¡Yo no fui a la escuela!
—¡Yo sólo sé las vocales!
—¡A mí no me miren!
Esas y muchas respuestas más se escucharon durante un largo rato.
Entonces el dragón, bajó la cabeza, dio media vuelta y empezó a marcharse.
—¡Esperá! —le gritó Namburetoxamin, tratando de bajar el brazo—. Creo que acá hay una confusión. Voy a hacerte unas preguntas: ¿Nos vas a golpear?
—¡No!
—¿Nos vas a cortar en rebanadas?
—¡Nooo!
—¿Nos vas a quemar?
—¡Claro que no! Ya me aburrí de hacer esas tontas cosas. Ahora quiero tener una vida tranquila. ¡Ya tengo 223 años! ¡Es hora de descansar!
—¿Ah, sí? —dijo el duende encargado de las bolsas llenas de viento—. ¿Y por qué nos asustabas cada noche de luna llena? ¿Eh?
—Ustedes se asustaban. Yo sólo salgo las noches de luna llena porque veo mejor dónde piso, no sea cosa que pise alguna flor…
—¡Aaaahhhh! —hicieron todos los duendes mirándose entre sí.
Y así termina este cuento de los duendes con miedo y el dragón negro, enorme, cubierto de escamas, con poderosas garras y…, bueno, el dragón que no sabía leer.
Ahora, cada día en la aldea se hace un sorteo, pero para saber a quién le toca ir a la caverna a leerle un nuevo cuento al dragón, que siempre los espera con leche y masitas.
Eso sí, lo único que les pidió el dragón a los duendes es que nunca le digan a ningún nene que él no pisa a nadie, no golpea con la cola, no corta en rebanadas, ni larga llamaradas de su boca.
Es que en los cuentos mágicos, los dragones siempre, pero siempre, tienen que asustar.
Edith Mabel Russo